Tumultos a mi espalda

Una pátina negra
gobierna las vistas a mi espalda
no sé quién estuvo antes,
a veces no me importa,
la mayoría,
es solo que otras,
no reconozco mi piel
y los huesos se quejan
estúpidos
y húmedos.
A veces,
llegáis tumultuosos
y mi rostro palidece
arrugándose ante el sol
y vuestros ecos salteados
como agujeros en el cielo
resuenan afilados
con la agonía de la tempestad
y la tristeza de las olas
clamando a cuchilladas.
Rara vez recuerdo qué decís,
alguna suplica,
algún grito
a dentelladas
acalla vuestras voces
melladas entre el cuerpo
y el abismo.

No lo sé,
no sé quienes sois,
pedís demasiado,
necesito dormir,
un poco.

Yo solo intento beberme los días
y caminar despacio entre los muertos
para soportar vuestros llantos
congelando la locura
sobre mis nombres más callados.

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