Humedad

El resuello de la humedad
en la pared se filtra hasta el pasillo,
puedo oírlo,
de noche se agita, inquieto,
deseando
cosas que no entiendo
al borde del abismo.
Debe ser la ventana
abierta,
la gotera de una estrella
sombreando en la pared
la esperanza y el fracaso
de la nada laminada.

Tengo fantasmas en las paredes,
pequeños ojos negros
que no saben
que lo son,
y se agolpan
buscando una salida.
He dejado crecer ese aliento oscuro del pasillo
hasta formar algo inasible
que no cesa,
que embarra mi casa
de lamentos y arañazos,
lodazal de brasas rotas,
rescoldos inquietos
que rondan las paredes
y sacuden los días
bajo el yeso del pasado.
Se han ganado mi respeto
por perseverar en lo imposible,
por querer volver de donde están
sin saber siquiera lo que fueron.
Por su lucha descarnada,
por su obstinada ansía de imposibles.

De noche es más difícil,
la mancha orgánica
poco a poco
se expande y humedece
crece y se detiene.
Un referente sin signo,
un dolor sin cuerpo
acompaña mi vigilia
y en alguna noche larga
salgo al pasillo
y me siento a su lado,
posándome sobre ella
hasta dormirme.

Voces que
curan mi insomnio,
sueños ajenos,
de los que soy el recipiente,
la caracola de su lado perdido,
la tinta sin deshojar
de mis noches sin dormir,
de las suyas sin existir.
Un tumulto inconsciente
que se sacude y rebela
negándose a morir.

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