Porteña

Muerdes seca
rechina la vida
al siroco de tus ojos
que no cesa,
que no cesa,
caracola fría
que no cesas,
arenisca mascada
resol derribado
derretida miel de hastío
aliento acalorado
entre mis dedos,
risueño vaivén de nada
que no cesa,
que no cesas.

Rompe tu marea
vacía e incesante
sin motivo
en mis venas portuarias
clamando callada
con la frente bajo el mar
y las pupilas en el cielo
emergiendo nocturnas
al puerto de mis sueños.
Aquí vienes,
coral oscuro,
relámpago salado
que no cesas,
que no cesas.

Sombra marina
que rompes
el mar y el faro
con tus pasos
encharcados,
sueños inconclusos
arena mojada
carne de mar
que no cesas,
rellenas destellos
ya cansados.

Ánfora de desvaríos
espiral angosta
piel de agua,
dejaste
un par de perlas negras
en las manos del niño
ahogado en el mar.
Pasado
que no cesas
que no llegas.

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