Aquí

Aquí en mi barrio
impera el alboroto
la grasa pellejuda
el vocerío y la tristeza
en la carcajada descarnada
de lo real expuesto al sol
cargado de vino de mesa y
cubatas chinos de las cinco
del paro a partir de los cuarenta.
No se conoce
la cuenta de horas rotas
pendiente de los bares
y cunetas,
las reuniones sin hilo
de Larios y Wistokas
tostando la sangre
ya esquilmada
en voces rasgadas de coñac
y gestos extrañados
que escarban en el aire
algún remiendo
momentáneo
que demude
los ecos constantes
que cabalgan al fondo del copazo.
Mientras,
los ojos detenidos
hacia dentro
los carrillos encendidos
de humo turbio y risas rotas
huyen
derramando
los descensos amargos del ayer
que ya retorna.

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