Trenes de largo recorrido

Cae la piel como una máscara
el cuero enrarecido del agosto
empina las calles
hasta que el sol resbala
y se inclina a las ocho de la tarde
por pellejos húmedos
por cajeros sellados
por el ojo izquierdo y sin pupila
de un husky siberiano
su dueño, la correa y la basura
envuelta en otra bolsa gris con autocierre,
mientras, disculpadme,
pienso en trenes viejos de largo recorrido.

Verano abotargado
ensoñación hervida a pleno sol
vagar tostado y delirante de quien observa
la ciudad al resol agrietado por la fiebre
las ojeras de los muertos
las juntas del castillo
los archipiélagos en fuga
la perdurada arquitectura de la brecha.
mitad fantasma,
mitad tierra.

Un galgo de tres patas
tullido hasta el tronco
camina a saltos de muñón
su dueña recoge las cagadas
en una bolsa blanca
estampada con pequeños corazones rojos, con autocierre,
mientras, disculpadme,
pienso en trenes viejos de largo recorrido,
atravesando Finlandia y Francia, Polonia y Portugal
en apenas tres paradas
conmigo dentro
el cuero roto de sus asientos
sus quejas oscilantes
el mullido rumoroso
de sus cristales cansados
en el transiberiano
en railes pulidos
en tendidos eléctricos
en piernas de mujer
en tumbas de neón
sobre césped repelado.

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