Oscilados

la vida
se despliega en nueve ríos,
caudal blando
orillando el vientre
a lo esfumado.

tarde infernal de septiembre
un bar a las ocho.

el día
se consume y acumula
y entre la cortina inesperada
de la lluvia
el sol retumba.
prefiero
las aguas y el cauce,
la humedad infantil de las paredes
mientras apuro el trago
mojándome en la calle.

la lluvia resiste
a través del fuego
estirándose
avenida abajo
huele de golpe
a jazmín y a verano.

pido otra cerveza
calado de desorientación
y rumores
que filtran la mirada
a lo esfumado
de este atardecer
calle abajo
en la avenida,
marrón oscuro
calle abajo
en tus pupilas
manchándome las cuencas
y pensando en escribir algo
que permita maldormir
a la conciencia.

aquí está,
mucho tiempo después
tu serosa yema
que te entierra y desentierra
a golpes de barro y rescoldos
que se oscila solitaria y bípeda
en un hombre
a manos rotas
que palpita
sutura y mira
sobre la tierra yerma de los vivos.

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