Tregua

Aquí estás,
la mirada se enmaraña
en la luz de una manera diferente
no lo puedo evitar,
todo va con retraso en mi existencia,
mientras hablas
un zahir encadenado se renueva,
los colores parecen embebidos
punteados de un mosaico sinestésico
que hunde el espacio
y lo deforma hasta lo efímero,
cada vez que te encuentro y que me nombras
nos reconozco y nos calmamos,
entonces miras,
coges algo, esa cerveza,
con tus dedos
tejes una tregua
y muestras las costuras y la tela
el borrador de lo real a punto de esparcirse
en este sueño,
es entonces cuando intuyo el calor de
tus labios cortados en el frío
todas tus madrugadas camino del trabajo
todos tus pasos en la casa de alquiler
el café en el microondas
el cigarrillo rápido en la ventana
tu cansancio mojándose en la ducha
goteándote las sienes y el cabello
a las seis y media
la madrugada de un martes
de este invierno,
y entonces quiero tenerte cerca
cogerte la cintura y hundirme
a rescatar el desencanto de esos labios
en este portal,
ahora,
hasta reconocernos ahogados
en el vaho jadeante de los dos
entre el aliento de tu cuello
y tu camisa.

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