Nocturna

a veces ocurre
y te deslizas por la vista,
en la frente se enzarzan
y cuelgan
olivos negros de secano.
No entiendo
por qué
las caligrafías de tu forma
laten al mismo tiempo
que las mías,
no entiendo
por qué
nos coincidimos
teniendo todos los posibles
para habernos evitado
sí,
se me hace difícil
habitar este impensable
en el candado huesudo
de este cuerpo
frente al tuyo.

Hay,
a veces,
un reflujo extraño entre las calles
una reverberación incesante
en las esquinas
que desplaza tu sombra
ya vencida
y alargada.
Es de noche,
la visión se espesa y ciñe
dispara
el entintado clamor de tu
mirada,
así que,
apuro el trago
el fuego roto
y tu cintura
y veo puntos
escucho el crujir
de algunos soles
pestaña abajo
robando la sinrazón
deslabiada de tu nombre.

¿Cómo es posible?
Alzo la vista
a través de este cristal
recorrido de antenas
entre fincas
y unos dedos cableados
que resultan ser los míos
dejan el calor de su huella
en
la ventana,
ahora
no sabes que te existes
no reconoces
esta superficie fría
y transparente que recorre
piensa y sobrevive
entre mis yemas
velando tu nombre
repetido
como no se reconoce
el vaho de esta ventana
en las estrellas.

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