San Petersburgo

En la estación subterránea de Helsinki me dijeron
que el frío de Enero hiela el mar Báltico hasta hacerlo transitable
que se puede atravesar, incluso en coche, toda su grandeza detenida
y que al final de esa naturaleza indomable y quebradiza
espera San Petersburgo.

Vi autobuses en Helsinki repletos de nieve bajo tierra
con destino a San Petersburgo en amarillo luminoso y el número 257 en su frontal
esperando pasajeros en la parcela de su hangar
con el motor encendido y los laterales abiertos como un ciempiés hambriento
a través del vaho y del cristal frente a mi asiento,
estaba a veinte bajo cero y casi no importaba.

Esos autobuses en la inmensidad del agua congelada
atracando en el puerto de los barcos
surcando sobre los peces destino San Petersburgo.
Cuando escuché que podían hacerlo
me pareció que, de alguna forma, tenía que decírtelo.

El cable sonoro del centro comercial llegaba sin fuerza
nadie bajaba por las escaleras mecánicas esa noche,
arriba, sin duda, estaba el mundo
y abajo, por lo visto, el neón, el frío, tú y San Petersburgo.

Una vez, por haberla imaginado contigo vivamente
una promesa licuó un lugar de tantas formas
que no pude calmar ninguna de ellas,
no alcanzo nunca el territorio que ocupó y llegó a imaginarnos
pero una vez me asomé a vernos
y creo que le debo el lugar deforme de mis sueños
ese lugar
tú ya lo sabes
era San Petersburgo.

Supongo que te parecerá increíble porque, aunque lo hacías muy bien, siempre te molestó imaginar más de la cuenta
pero ya no quiero saber nada de esa ciudad ni sus imágenes
ni que lo cierto y concreto del mundo de los otros
cierre lo que una vez imaginamos
en un cementerio en diciembre de Varsovia.

San Petersburgo nevado y con nosotros
nos dijimos, una vez.
Sí.
Puede que cuando deje de rugir la realidad y la vida.

El autobús 257 enciende sus ojos
una chica y yo nos miramos a través de la ventana,
siempre que veo nieve
veo tu piel de veinte años tendida cerca de las cumbres
incluso aquí,
mucho después,
debajo de la tierra
en una estación subterránea de Helsinki
hay miradas que casi son como la tuya.

Me marché de aquella estación
de vuelta otra vez a la superficie
de vuelta a sus compras, muchedumbres y ficciones
al Diciembre nocturno y partido de la ciudad de Helsinki
porque no importa,
ya no importa
ni San Petersburgo ni nosotros,
el hueco que punza y lanza mi deseo
ese que intento rellenar ya sin nombrarte
lo podemos dejar por escribir
sobre la escarcha del mar Báltico

al fin y al cabo
no habrá lugar
para quien salió de casa sin maleta.

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2 pensamientos en “San Petersburgo

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