Fútbol calle

Hoy echo de menos el fútbol calle
almorzar mientras corres
jugar de sol a sol
con las heridas abiertas
y gravilla entre la piel
con la sangre y las caídas
estiradas sobre asfalto,
las patadas sin balón
y sin arbitro
el “no vale trallonón”
los bocatas de mortadela con olivas
volando por los aires,
salir de clase,
correr y correr hasta el solar
y dejar caer un puñado de
mochilas y de piedras
y fabricar dos porterías oficiales
con los invisibles largueros
pintados en el aire
hasta formar con el palo la cruceta
y desde ahí mirar y mirar
hasta alinear
un campo de fantasía
con la cal misma del deseo.

Hoy
echo de menos
el hoy ganamos
porque sí,
las llamadas al timbre
los “¿baja Marcos?”
y desde la puerta gritar
que les digan
a aquellos amigos
sin líneas de horizonte
que ya,
que ya bajo.

Cuando los golpes no dolían
y las rodilleras arreglaban descosidos
y el corazón tronaba desbocado
y cuando ¡estoy solo, estoy solo!
era una exigencia,
una oportunidad maravillosa
que significaba
¡pasámela jope!
que marco
que marco el ocho a seis
que grito gol
que vamos siete a siete
que no
que vamos ocho a seis

echo de menos
sacar rápido mientras celebran
un gol que no fue
porque fue mano
y meterles otro
que no vale, pero sí,
porque el otro tampoco valía.

Hoy echo de menos
incluso
a aquel matón de barrio
que robaba en pleno partido
casios de comuniones
sin bajar siquiera de la bici,
también
la sirena y los bocatas
y correr y correr
y pegar los labios a la fuente
hasta sentir el agua
desparramarse por el pulso
y por las sienes,
beber,
mirándome las zapatillas rotas
entre
las hojas húmedas y el barro.

Echo de menos
cruzar la carretera
ciegos y salvajes
esquivar lo que haga falta
y echar el cuerpo a tierra
hasta sacar el balón
bajo el coche
a golpe de patadas
mientras a lo lejos discuten
si ha sido gol o alta
con solo dos argumentos:
gol o alta.

Quiero volver a elegir
pelota o campo
contar los pasos
en la portería contraria
alargando la zancada
y acortándola en la nuestra
y que después
contemos todos
con la solemnidad de un duelo
cada uno de los pasos de un penalti.
Quiero elegir equipo
cuando sufrir era
ser elegido el último
y rescatar a un amigo
de esa incertidumbre,
porque un amigo
por malo que fuera
no pasaría por eso,
nunca lo permitiríamos.

Hoy
echo de menos
marcar un gol
y gritarlo como si en ese balón
de plástico barato de Agustín fuera la vida,
y la iba,
y teníamos razón
en gritar tanto
en llegar tarde a casa
en pelear cada pelota
en chutar hasta encalarla
en trepar a por ella
como lagartijas acaloradas
hasta los tejados y el cielo,
teníamos razón
en pedir a gritos el balón
encaramados al muro del colegio
y darle la oportunidad de
ser importante
a cualquiera que pasara,
teníamos razón
en discutir a gritos
poste o gol
en jugar de sol a sol
hasta que los grillos rechinasen
en el atardecer inigualable
de todos los solares de mayo
de junio
de noviembre
de abril.

¿Dónde estáis ahora, amigos?
¿Dónde está nuestro partido?
Sí,
aquel fue el más importante,
la final
de todas las finales,
y de alguna manera
lo sabíamos,
esa certeza,
aquella hambre
sobrevolaba en la sangre
de Fornals y de Daniel
de Cortés y de Escrivá
y también de Belinchón,
chispeaba hasta sus ojos
se desbordaba hasta buscarnos.

Cada día,
los unos a los otros
nos esperábamos en el patio
de aquel verano eterno
golpeando
la pelota
con rabia anticipada
contra la pared y algún cristal,
cuánta razón teníamos,
pretendían engañarnos
diciéndonos que aquello
no era importante
y no,
no colaba,
simplemente,
entonces,
no nos lo tragábamos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s