Cúpula de fuego

Hay una cúpula de fuego y de materia
con los dolores desramados
y es su interior una tronera
de cristaleras rotas y mosaicos despegados
que supuran y florecen
a los pies de la conciencia y del vacío

Y hay un hombre bajo esa cúpula
que contempla
quieto
el desamor,
un hombre
que mezcla imágenes y esbozos
que crea nuevos signos de posibles
con vigas astilladas
que no distingue
los lienzos arañados
de la fantasía y la memoria
hechas de relámpagos

este hombre
quiere detenerse aquí
pararse de una vez y renunciarse
en la punta del tiempo y de las cosas
y entremezclarse en lo imbebible
de unos labios que murieron
para poder ser pasado
de aquel otro escenario

este hombre
que quiso tocar las cosas de la tierra
quiere, en fin,
que su tiempo finalice
pero la cúpula de fuego le retiene,
le dice que
todavía quedan cosas por arderles
a esos ojos tan cansados
a esa piel todavía relativamente joven
a esos huesos escondidos,
le dice que no basta que
el corazón fracasado de ese extraño relicario
que sujeta entre las manos
se le cayera
a ese niño que no hablaba,
que aún pueden consumirse
otras formas de ansiedad
a lo largo de noches afiladas

el fuego cree
que aún es pronto,
que el hombre aún percibe y siente
su identidad y el simulacro
de un presente que no existe
antes de todo se disuelva.

el fuego, así,
quiere cobijarle
y le ánima a vivir y a desarmarse
entre los otros
bajo su solitaria
deseante
acristalada
y ardiente
cúpula de fuego y de materia.

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