Dime

Toda esta estúpida costumbre de escribir
no es más,
lo sé,
que un gran montón de carne purulenta
de todo lo que hiede y supura
ahí fuera,
inalcanzable

¿pero qué otra cosa puedo hacer?
dime,
¿qué otra cosa puedo hacer?
para lidiar con la desidia
que exhibir mi mediocridad
rotunda y vaga
de enorme moribundo
como si no me la creyera,
y qué menos,
qué menos
que ser infame con los cuerpos,
esos cuerpos desamados y
enterrados de mujer
en la fosa común de mi existencia
a los que escribo
una y otra vez
una y otra vez
como si hubiesen sucedido
sobre el horizonte de los dedos
y hasta una tierra vacía
de letras y deseos

dime,
¿qué puedo hacer?
si no consigo convivir con lo vivido
como dicen que debiera,
si se me agitan en los ojos
las cosas deseadas
junto a las que realmente sucedieron,
si mis cuerpos enterrados
reclaman una voz
que ya ni siquiera es
la que tuvieron

dime
¿qué puedo hacer?
¿qué se hace?
cuando descubres que
no has amado como debiste
y de repente asalta la certeza
de no poder querer ya como quisiste
y
¿qué se hace?
cómo se desgarra todo esto
cuando sabes que tus letras no bastan
ni de lejos
para tocar nada
de lo nunca sucedido,
dime,
qué otra cosa queda por hacer
que construir un buen montón de versos repetidos
y mentiras
mientras sostienes un mundo
a través de tu mirada

¿qué me queda?
sino abusar
de la sed y del silencio
de mi mediocre patetismo,
sí,
he imaginado cosas que nunca sucedieron
he contado amores que no fueron
como si hubiera tenido
sinceramente enfrente
bajo la yema de mis dedos
los ojos más soñados,
y,
claro,
en venganza las letras
se escaparon
y esperaron
a qué descubriera que la juventud
había pasado,
esas letras que busqué
aguardaron
su momento
para descarnarme la esperanza
de poder tocar
algo,
un poco,
de poder dar alguna fe
de lo imposible
con su propio vacío

fui un gran imbécil
pero
dime,
¿qué puedo hacer?
si siempre lo supe
y todo lo que conté
lo vi o soñé
y fue sincero
y de algún modo
sucedió
en algún sitio,
de alguna manera

ahora,
que solo queda la certeza
de no saber tocar las cosas
de no saber mirarlas
o no poder hacerlo de otro modo,
dime,
¿qué puedo hacer?
sino confiar en que un día les suceda
a esas letras
el accidente terrible
de azar y de insistencia
que no tuve
y en el que muertas de ellas mismas
los ojos de alguien las alcancen
y rellenen
de todo lo que quisieron tocar
y conmigo no pudieron.

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