Roedores

Roe
cualquier hueso
también
el esqueleto
de esta noche larga
tendida aquí
junto a tu cuerpo
y sostén la sed
de sus preciosos ojos ciegos
que te miran mirar
y oscilan
con la marea
de aquellos rostros
ya perdidos
tatuados de insomnio
irisdisciente.

Roe los entresueños
de tus manos
roe esta
soledad batiente
que se agita
aquí en la noche
y hunde su cuerpo
entre tus dedos
y la faz partida de la tierra.

Una vez
tuvimos un lugar
los dos,
una vez
dormimos juntos
sobre noches como esta,
teníamos la herida abierta
y tú ungías
madreselvas de otros mundos
sobre el fin del horizonte.

Es curioso,
nunca sabes
qué momentos
se quedarán contigo
y anudarán
lentamente
la dura nuez del tiempo.

Roe,
y hazlo
solo,
reconócete en la angustia
recupérate del tiempo
y de la muerte
y vuelve,
y continúa
hasta que
en ti
no quede
luz.

Tus imágenes
caerán,
únicas,
pero
existieron
una vez
solo
porque

las arrancaste
del abismo rugiente
de
la
nada.

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