Desprendida

Miré
la superficie
descarnada de la luna
y el velo cayó
sobre
la noche de verano

y entendí que
lo que tenías dentro
era un pedazo de luna
separado del mundo
y de las cosas
que ardía
con su luz líquida y perdida
proyectándose en tus ojos.

Todo esto
lo descubrí hoy
y sé,
que aún lejos,
lo sentiste
y que quizás nos tocamos
otra vez
con la forma de una sacudida
de una inquietud
y una tristeza
o de un giro
fugaz
que no se ciñó a nada,
un corte limpio
de aire de verano,
un suspiro
callado en el rigor
de lo que es ahora
tu rutina.

Pero
¿quién sabe?
quizás
fijaste
en ese momento
también y sin querer
tus ojos en la luna
como si se hubiera posado
una boca
a medio hablar
sobre tus labios

la luna como estandarte y madre
te reclama
y en tus ojos se prenden las llamadas
de su eclipse
y tu batir de alas heridas
todavía duda
del cuerpo de su fuga,
dos luciérnagas negras sobre
el bosque nevado
de la vida.

Fuiste,
sé que aún eres,
estés donde estés
y aun descontenta
y devorada
un trozo desprendido de la luna
que se sueña
y oculta
en la carne viviente
de tu fuga.

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