Respiraderos

Aunque no te lo dijera sabrías encontrar
estructuras de sentido sobre las que colgar
las prendas de la vida
la fascinación
y los cristales
abren los iris de ballenas
dilatan sus respiraderos
a prueba de presiones abisales
allá abajo
allá abajo.

¿Qué estoy diciendo?
¿qué hago?
¿acaso era esto el comienzo de un poema?
pretendía serlo, quizás,
pretensión
¿de qué?
¿de desalejar qué?

Tú que lees quizás lo sepas,
quiero pensar que ahí fuera
sabéis siempre lo que nunca sabré,
ya veis,
necesito depositar el sentido
en una fe orgánica
que se pudra y canee
y muera.
Podría ser la vuestra
¿por qué no?
un poema fallido
otro, sí,
no pasa nada
por anotarlo
a la lista del fracaso cotidiano
que tanto nos incumbe
y con el que hay que convivir.

Ya que de eso de existir
no pueden dar cuenta las palabras
o en todo caso solo el hueco
que hay en ellas,
habrá que seguir mirando
apasionado e impasible
a esa nada que discurre a través nuestro.
La nada puede hacerlo,
sí,
de hecho,
la nada que hay en ellas
en todos los posibles
en las mujeres que desamé
o en vosotros
que,
sin duda,
sabréis qué hacer conmigo.

Mientras tanto,
¿por qué no escribir otra vez
y para siempre,
así,
de repente?:

iris de ballenas,
-y añado
jorobadas,
como aquella que una vez
me regalaste
en miniatura-
respiraderos
posibles
allá abajo
allá abajo.

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