Anónima alegría

Déjame escuchar otra vez
cómo fue tu paso suave
tu caminar mudo hacia otras partes
sin alejarte nunca demasiado
y te diré cómo fueron
antes de que desaparecieran
tus contadas vueltas a llamarme
cada vez más espaciadas
y menos necesarias.

Déjame inscribirte
en esa extraña sensación
que tenía al escucharte,
que era
como de pérdida reciente
de un pasado repetido
en el presente,
y perdona que no te entendiera
demasiado bien
cuando

hablabas de esa soledad
sin prestar atención
a nada más que a tus tristezas
ocasionales
de niña grande
que se llama mujer.

Déjame
que me alegre
sinceramente
como nadie lo hará nunca
de que te vaya
“todo bien”
ahora que,
crees,
que
no estás
sola.

Y déjame
ahora que te escribo
sin nombrarte
mirar desde aquí
cómo fue la última vez de
tu perfil iluminado
por la luz esmerilante
de una sala de cine
o por la tercera cerveza
de tu risa
déjame,
en suma,
inscribirte como fuiste
para que seas en alguna parte
cuando estás
y no sucedes nunca
en la soledad de nadie que te escribe.

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