Päijänne

Cuando el sol se inclina
las piedras ronronean
sobre su superficie,
la nieve del tacto
cede y hunde su horizonte
si imagino tu piel
desnuda.

Es cierto,
como mal escritor
tiendo a hablarte
desde lugares comunes
donde nunca estaremos.

Aquí,
solo,
a veinte grados
bajo cero,
entre la escarcha
de mis miedos
y la lluvia congelada
de las ramas secas
del Päijänne
pienso en
lunas de Saturno
en géiseres titánicos,
en toda
la vida subterránea
sedienta y térmica
que hay detrás
de tus
pupilas negras.

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