Desahucios

Sucede a veces que las paredes hablan
que el silencio responde al tiempo con los ojos
de la lluvia sobre el cristal de la ventana
de la adolescente del segundo.

Así que te pones a tirar cosas,
esas zapatillas de deporte que ya no usas,
el calefactor que tanto consume y no calienta,
la vieja toalla de manos marcada por las huellas,
y la tiras
con el juego de sábanas sobre las que durmió
porque ya no calza ni se lleva bien con el presente
y regurgita en la noche su voz extinguida en la gotera
de esa pila de cocina que no reparas.

Los céntimos desperdigados del primer cajón,
algunas entradas de cine de reestreno, sesión doble,
un DNI caducado.
Te gustaría tirar también la extraña y blanca luz del sol
sobre las fachadas del barrio
los parasoles y el viento de noviembre.

Encuentras entonces una piedra con tu nombre,
una foto perdida
en la que ni siquiera sales y que quizás nunca existió,
sobre el rojo intenso de tu fuera de campo, su gesto,
su corazón vivo, sus labios.

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