El largo adiós

Los sueños se escaparon
y aunque uno despierte
a veces
con sus ojos
hay que hacer que no han pasado,
que siguen a la espera
tras la puerta
a un solo paso,
hay que tocar otras pieles
darles un nombre
negar la voz la muerta
de su cuerpo frío.

Pero los sueños,
lo sabes,
se agotaron
te lo dice la noche abierta
que sangra y que supura,
ya solo se trata
de darles calor
y acogerlos como a un muerto
al que se amó
y del que poco a poco
perdemos su rostro.

Las colas del paro
la ansiedad
los cursos y las horas
la náusea
que espera agazapada,
también,
otra vez,
la cama solitaria.

Ya solo
se trata de ocuparse en otra cosa
de despertar
mientras los sueños se agolpan
y se convierten en fantasmas
aferrados al brazo de tus muertos,
llamándote,
seductores,
como si fueran ellos
los que sucederán más tarde,
como si aún esperasen tras la puerta
olvidándote del tiempo.

Selfie

Ayer me mandé hacer un apaño. Ya está bien, me dije. Tantos botox, selfies y tatoos, tanta red social, gimnasio y felicidad a gogó esperando para todos, dependiendo solo de mí…Y yo aquí triste, decepcionado contigo y con el mundo. Intolerable. Atroz. Vergonzoso. Así que me dije que ya estaba bien que, “qué coño”, que “yo también quiero lucirme y ser viral con la imagen de marca que hemos hecho de nosotros, quiero que me vean y que llegue a tus oídos de zorra malcriada lo guay que soy ahora”.

Así que fui al esteticista, dije que quería un completo y el mejor, y lo quería ya, porque yo lo valía: el tipo me mostró un buen montón de piezas de carne, narices de estrellas, mandíbulas de no sé quién y no sé más, un montón de lonchas de sonrisas autosuficientes y bovinas de otros guapitos de cara, los ojos de su puta madre, los labios de Machín y el cantar vivo de un juglar. Vamos, todo el canon de belleza de la temporada primavera-verano.

Pero no, yo no quería eso. Le dije que me escuchara atentamente porque lo que yo quería solo se lo iba a decir una vez, lo que yo quería era una carnicería, una auténtica carnicería. Ansiaba sentir el dolor desgarrado de la carne abierta, la sangre caliente derramándose por mi cara.
Tenía un par de bocetos, por supuesto, un par de ideas sobre lo que deseaba amartillar en mi rostro, claro, como todo el mundo: le dije que me rompiera los dientes a puñetazos, que los empastara de estiércol y que los esparciera en mi jodida cara como le saliera de los cojones. Acto seguido debía insertar el pellejo flácido, mira, precisamente de mis cojones, en las mejillas, abrirme la nariz e inflarla a botox hasta que pareciera tu coño menstruado en carne viva.
En medio de todo aquello, en ese rostro, iría mi ombligo y en su centro, un puto tatuaje púrpura y minúsculo, una flor, que pareciera viva con mi nombre en japonés, porque soy un tío sensible y misterioso, o eso me dijiste. Respirar a través del ombligo en medio de mi cara era la guinda necesaria, una forma irreverente de decirle al mundo que yo era su centro y él era el mío. Iba a crear tendencia, no tenía ninguna duda.

Tuve que pagarle bien a ese cabrón forrado con rastas, al principio el pedazo de mierda se mostró incluso ofendido, pero luego disfrutó hasta el punto de cobrarme solo la mitad y rogarme que volviera. Cuando me marché de allí me daba las gracias, de rodillas, tenía los puños manchados de sangre y los ojos bañados en lágrimas.

Después te llamé y quedamos, quería que me vieras y tuvieras al fin un motivo de verdad para parecerte gilipollas.

Despiece

Me he despertado con un par de mensajes en mi cuenta de Wallapop, duermo mal y poco, pensaba que había sido un entresueño, pero no, efectivamente, una parte de mí puso ayer en venta fragmentos rotos y usados de mi cuerpo mientras creía dormir en la única hora en que creí haber dormido esta semana.

Cabeza: motor de arranque defectuoso, insomne, delirante.
Corazón: desacompasado, introspectivo, sin apenas uso, siempre en garaje de esperanzas.
Manos: inquietas, lentas, de dedos deseantes.
Ojos: cansados de no verte, marrones oscuros casi negros con tendencia a ver fantasmas.

Sueltos 20 euros cada uno.
En pack, 60.
No negociables.

Miento,
sí, negociable,
urge venta.

Kraken

Unos enormes tentáculos,
enraizados en el núcleo de la tierra
surgieron del fondo del océano
como estrías de lava palpitante
de un volcán marino
y ardientes
de olas y espuma
partieron las aguas,
evaporaron el mar,
y se elevaron en plena noche
directamente hacia las estrellas
directamente hacia la luna.

Yo tenía los nervios sedientos de tu nombre
así que agradecía que sin previo aviso
la realidad se estuviera haciendo añicos
delante de mis ojos y los tuyos
allá donde estuvieran.

Eran ocho
los tentáculos de vapor incandescente
que poco después
la alcanzaron y envolvieron
y se aferraron a ella.
Me conmovió la fuerza de su necesidad,
también el deseo, el anhelo de una espera
que despierta ciega
y que se sabe
sola.

Admiré aquel acontecimiento,
aquella grieta viva de pura abstracción
e irrealidad,
esos ciclópeos tentáculos del Kraken herido
de las entrañas de la tierra
que habían despertado de repente
eran todo un revés a la estulticia
de los días
y los días
y los días.

Envueltos en cortinas de vapor
aquellos tentáculos pulposos,
todavía incandescentes,
refulgían
entornados del agua de sus mares
y con el nácar ardiente de la tierra
envolvieron a la luna
y la abrazaron
con tanta sed
que la luna comenzó a astillarse
hasta que saltó de sus goznes
como madera vieja.

Sus pedazos flotaron lentamente
y después
cayeron
y cayeron
y cayeron
en miles de dedos
de blanco reluciente.

Así que abrí una botella de vino tinto
mientras los tentáculos se retiraban
de nuevo a sus entrañas
con su amor roto en el aire.
Trozos perlados de la luna
se desprendían sobre la tierra
como vidrios rotos de glasé.
Apuré el trago.

Al día siguiente
la ciencia le daría un explicación a todo.
Al día siguiente,
con los mares aún revueltos
vería una foto tuya de perfil,
en ella sostendrás
una pequeña roca lunar en la palma suave
de tu mano
y bajo ella aparecerá otra,
entrelazada,
que ya no es la mía.

Bar Canadá

Lo más cerca que estuve nunca de Canadá,
fue contigo,
una noche,
en que me esperaste allí,
a la salida del cine de reestreno, sesión doble.

“Está cerca,
enfrente,
al cruzar la avenida,
hay un bar
allí te espero”,
me dijiste de cerca,
iluminada por la luz de la pantalla de cine
que hacia tu cara más blanca
y tus ojos grandes más oscuros.

Así que allí me quedé,
viendo solo
con la botella de vino
el último minuto de “It Follows”.

Al cruzar la avenida
supe que iba a cumplirse un pequeño sueño,
salir del cine
y estar
de repente y contigo
en Canadá,
porque así se llamaba el bar,
Canadá.

Nos tomamos una copa
en la calle,
tú te abrigabas
en el humo de un cigarro
de noviembre.
Habías visto a tu ex
dentro, en el cine,
“por eso te dije de esperarte aquí”.

Nos tomamos otra copa ahí fuera,
tenía frío
pero
tú tienes esa manera de hablar,
esa voz que me permite seguir tu hilo
el rastro de tu nervio con la vida
y con el mundo,
imprevisible,
inestable,
que sin embargo me calma
allá a lo lejos.

Esa noche
sin ningún motivo,
contra todo lógica,
supe
que me querías cerca,
que te gustaba.

Lo supe antes de cruzar la avenida
al esperar al semáforo rojo
camino de Canadá
porque
me miraste entonces
frente al otro lado de esa orilla
como miran
los que esperan a alguien
al otro lado del océano.

Vi el humo de tu cigarro
que se esfumaba en el presente
con tu aliento.

Fumabas abrigada,
y me sonreíste
por primera vez
como se reconoce a alguien
que llega de muy lejos.

Expositor número doce

Los días extraños han llegado
han apelmazado su careta
se han vuelto pegajosos y lánguidos
como un calor mal aireado
como aquel muerto del expositor número doce,
¿te acuerdas?,
cuya voz sin labios preguntaba:
“¿cómo se sale de aquí?”.

Hasta el cansancio es diferente,
se ha vuelto el de otro,
hasta cuesta acordarse del presente
reconstruir su línea, recomponerse,
ahora
hasta el insomnio se sabe en la memoria,
que se estría y anida
como una araña
entre la garganta y el aliento.

La sonrisa arranca despacio,
alarga los finales
cuando te miro,
suma curvas y confusiones,
suma nombres y pieles
aromas y tactos,
te acumulo,
no te ofendas,
al contrario,
me gusta verte desnuda
y pronunciarte de cerca.

Somos dobleces,
cuerpos,
sobre una memoria encapotada,
somos un cielo críptico
abrasador
que se engancha y mira,
que se revuelve un instante.

Somos ese cielo
y sus dedos alargados
señalan ahora a la orquesta
que toca detrás del telón
que repite nombres,
desafina aromas,
retumba y mezcla
un presagio vacío
que retorna a por nosotros.

El largo día acaba

Nadie nos habló nunca
del silencio de las cosas
del silencio casi yermo
e hiriente de la vida,
descubrirlo despacio
después de tus ojos
después de los ecos,
descubrirlo de golpe
y de repente
una tarde,
pasando los cuarenta,
mirando atrás,
mirando al frente,
algo aturdido
con la tercera cerveza
y las manos recogidas
como hacen los ancianos
con el silencio que les queda.

Los niños juegan en el parque.
Veo una araña en sus cabezas
que se enreda.

Escucho un
murmullo,
después
silencio.

El largo día acaba.

Del pulso

De la humedad de tu cueva
de la diáspora viva de tus ojos
también de tus labios y raíces
del sostén extraño del espejo
de la imagen
y el reflejo

De tu falta
y de tu pelo
de tus manos
y enredaderas
de las cinco de la tarde
azulejos y herrumbre
cuando duermes
besos
y paredes blancas de verano

De aquello que no sabes
y me cuentas
de lo que callas
y te guardas
de tu sueño
de tus piernas
de tu fuego
abierto al tacto
del deseo que no cubres
con tu nombre

De la llegada
de tu cuerpo
justo ahora
que sucedes.

Pizarra

Pizarra rota
rasgadura abierta
al cielo
horizonte vertical
y arriba
de un cristal
de ansiedad
y negro mate.

Pienso en tus ojos
trazados
de temblor y tiza líquida,
pienso
en tu eco
sobre la pizarra negra
y rota
de los cielos,
eres
tormenta y luz
de puro nervio,
posibilidad al tacto
que se asoma
entre la duda y la mirada
de tu pasaje incendiario.

Materia de examen

…Cinco formas estrictas
de trazar los desencuentros
o encontrar otras materias
de lo soñado,
esto será materia de examen
entra todo, tomen nota:
depositar una cuchara fría,
helada,
en la nuca de la persona amada
real e imaginaria
mientras duerme,
ensamblar las piezas
de un cuerpo troceado
un pollo
un gato
un conejo
llevarlo a la putrefacción
animado
con un mecanismo de relojería
sobre un soporte de madera
de 3×2,
recortar con tijeras de escuela
de puntas redondeadas
de mural de ciencias naturales,
el horizonte de un amanecer
o atardecer
y si la tristeza así lo exige
roben para ello material escolar
de niños en activo,
repitan su nombre
hasta perderse
y desanclarse
del sentido,
se exige la caída,
el peligro del no retorno
y la disolución ante el espejo.

Para ello se recomienda
una dieta estricta
y disfuncional
nada práctica,
ampliar
cualquier desubicación
inesperada
es una opción extra,
para subir nota
creen una construcción,
un castillo
de azucareros rellenos de sal
y especias de naipes picantes
como guindillas,
en suma,
bombardeen la cordura
lo práctico, lo amañado
lo delirantemente convenido,
sazonen
alteraciones al azar
en lo cotidiano
no siga la línea de puntos
no rasque y gane
no pruebe su suerte
no se saque carnets
ni acepte vales de descuento.

Eso es todo,
mañana traigan papel y boli plateados
el examen será a las diez
escribirán en el aire
a la altura de sus ojos,
traigan lo que puedan de ustedes,
no se admiten alumnos
ni calificaciones,
no habrá álgebra
ni parentescos.
Buena suerte.