Espinazo de domingo

Estas horas traen algo roto en su cubierta
huelen a mermelada de naranja y fruta abierta
a armario viejo, a salitre y licor de sobremesa,
a tabaco negro y tardes largas
a papel viejo y paños de cocina
en las almenas del cuerpo solitario
que no descansa ni a las tres de la mañana.

Este sudor de otoño que entrechoca en dique seco
que rompe su luz a bocajarro sin faros ni conquistas
es también la traición espejada en la memoria,
el eco de entretiempos,
una melodía a medio camino de las ruinas
y el océano de tu fotografía.

Hay algo
que se hunde a media voz en este cielo acastañado
que trae en el horizonte intenso de su herrumbre,
la ceniza deshojada,
el beso herido y breve del fantasma.

Hay algo
en este cielo abierto que abre las entrañas
que retorna al peso de la tierra
la ansiedad que arde y crepita
por un nombre que nos rompa o enmudezca.

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Pásate

Es posible
que solo queden de los días renglones en cuadernos separados
y es posible
que la costura que une las mañanas
sea esta luz violeta que tienden tus anillas,
que aquello que despierta por debajo de mis párpados
no sea otra cosa
que la escarcha de tu falta acostumbrándose al olvido
y acompañándome a los años.

Ya casi no recuerdo tu rostro
aquel que entre la lluvia cerrada de verano
y el viento de la tierra mojada
pegabas al vaho y a la ventana
ya solo es una nube infantil que se disuelve
en los hundidos dedos de mis días.

Aunque es cierto que duermo mal y poco
quiero decírtelo por si quieres pasarte una noche por mis sueños:
estoy perdiendo tu rostro con los años,
y también quiero advertirte
que quizás no reconozcas a este hombre canoso
que no sé que ha hecho con el tiempo que le diste
a ese que es y fue tu hijo.

Pero pásate a medio desvelo,
hablaremos,
quiero ver otra vez nuestro reflejo
pegado al cristal del verano
porque tu rostro ya no está en las fotos
ni en la lluvia
porque lo estoy perdiendo
y no te llevo nunca flores
porque el otro día imaginé unos charcos en tus ojos
que servían también para la muerte
que hundían las aceras en su miel
y me traían de golpe tu partida.

Noche de Agosto

En la melaza atigrada de otra noche de agosto
empeñada en soledades
en sudor y noche estanca,
a estas horas
que se sufren
sin acta ni semáforos
en las que se miran persianas
y las voces no responden ni a los ciegos.
Ahora te recuerdo
y soy capaz,
a veces,
de volver a ver tus ojos

Recuerdo tu piel breve,
su frasco de duendes y nevadas,
cada paso en escalada hasta tu boca
el cristal ardiente y frío
de tu coño abierto
replicando al tacto triste de mi verbo,
reflejos de un sin techo
que se quedó después dormido en tu campo de juegos
bajo las antorchas apagadas de tus ojos,
tan negros
tan vivos y enlutados
tan cercanos en el mapa de la almohada,
cumbres inalcanzables cuando bebía en tus entrañas
que albeaban partidas los cielos violeta entre tus piernas.

Tú dormías,
y yo no podía dejar de mirarte,
como quien mira un recuerdo que por fin ha sucedido,
como el fantasma que funde en un presente
las piedras y el musgo de mi estanque.

Ahora que marzo ya ha pasado,
que agonizas
de vez en cuando y sin nombrarme
en algún mail
en apariencia muy casual y muy medido,
se hace aún más insoportable
que los días se anuncien sin tu cuerpo.

Ahora
que me entretengo en convencerme de tus deudas, impagos y facturas
que pienso que no eras para tanto,
que no existías.
Ahora que ya no tengo abrevadero sobre tu horizonte de sucesos
y aprendo poco a poco
a no esperar las tormentas de verano
ni la sed en gravedad de los agostos.

Ahora,
en noches cerradas y largas como esta
ahora,
recuerdo entre cansancios,
tu voz vestida con mi nombre
la boca abierta y jadeante
que una vez compartimos
y todavía siento más
tu luz atravesada,
las riendas sueltas
tan huérfanas
de tus ojos desbocados.

El largo adiós

Los sueños se escaparon
y aunque uno despierte
a veces
con sus ojos
hay que hacer que no han pasado,
que siguen a la espera
tras la puerta
a un solo paso,
hay que tocar otras pieles
darles un nombre
negar la voz muerta
de su cuerpo frío.

Pero los sueños,
lo sabes,
se agotaron
te lo dice la noche abierta
que sangra y que supura,
ya solo se trata
de darles calor
y acogerlos como a un muerto
al que se amó
y del que poco a poco
perdemos su rostro.

Las colas del paro
la ansiedad
los cursos y las horas
la náusea
que espera agazapada,
también,
otra vez,
la cama solitaria.

Ya solo
se trata de ocuparse en otra cosa
de despertar
mientras los sueños se agolpan
y se convierten en fantasmas
aferrados al brazo de tus muertos,
llamándote,
seductores,
como si fueran ellos
los que sucederán más tarde,
como si aún esperasen tras la puerta
olvidándote del tiempo.

Despiece

Me he despertado con un par de mensajes en mi cuenta de Wallapop, duermo mal y poco, pensaba que había sido un entresueño, pero no, efectivamente, una parte de mí puso ayer en venta fragmentos rotos y usados de mi cuerpo mientras creía dormir en la única hora en que creí haber dormido esta semana.

Cabeza: motor de arranque defectuoso, insomne, delirante.
Corazón: desacompasado, introspectivo, sin apenas uso, siempre en garaje de esperanzas.
Manos: inquietas, lentas, de dedos deseantes.
Ojos: cansados de no verte, marrones oscuros casi negros con tendencia a ver fantasmas.

Sueltos 20 euros cada uno.
En pack, 60.
No negociables.

Miento,
sí, negociable,
urge venta.

Kraken

Unos enormes tentáculos,
enraizados en el núcleo de la tierra
surgieron del fondo del océano
como estrías de lava palpitante
de un volcán marino
y ardientes
de olas y espuma
partieron las aguas,
evaporaron el mar,
y se elevaron en plena noche
directamente hacia las estrellas
directamente hacia la luna.

Yo tenía los nervios sedientos de tu nombre
así que agradecía que sin previo aviso
la realidad se estuviera haciendo añicos
delante de mis ojos y los tuyos
allá donde estuvieran.

Eran ocho
los tentáculos de vapor incandescente
que poco después
la alcanzaron y envolvieron
y se aferraron a ella.
Me conmovió la fuerza de su necesidad,
también el deseo, el anhelo de una espera
que despierta ciega
y que se sabe
sola.

Admiré aquel acontecimiento,
aquella grieta viva de pura abstracción
e irrealidad,
esos ciclópeos tentáculos del Kraken herido
de las entrañas de la tierra
que habían despertado de repente
eran todo un revés a la estulticia
de los días
y los días
y los días.

Envueltos en cortinas de vapor
aquellos tentáculos pulposos,
todavía incandescentes,
refulgían
entornados del agua de sus mares
y con el nácar ardiente de la tierra
envolvieron a la luna
y la abrazaron
con tanta sed
que la luna comenzó a astillarse
hasta que saltó de sus goznes
como madera vieja.

Sus pedazos flotaron lentamente
y después
cayeron
y cayeron
y cayeron
en miles de dedos
de blanco reluciente.

Así que abrí una botella de vino tinto
mientras los tentáculos se retiraban
de nuevo a sus entrañas
con su amor roto en el aire.
Trozos perlados de la luna
se desprendían sobre la tierra
como vidrios rotos de glasé.
Apuré el trago.

Al día siguiente
la ciencia le daría un explicación a todo.
Al día siguiente,
con los mares aún revueltos
vería una foto tuya de perfil,
en ella sostendrás
una pequeña roca lunar en la palma suave
de tu mano
y bajo ella aparecerá otra,
entrelazada,
que ya no es la mía.

Bar Canadá

Lo más cerca que estuve nunca de Canadá,
fue contigo,
una noche,
en que me esperaste allí,
a la salida del cine de reestreno, sesión doble.

“Está cerca,
enfrente,
al cruzar la avenida,
hay un bar
allí te espero”,
me dijiste de cerca,
iluminada por la luz de la pantalla de cine
que hacia tu cara más blanca
y tus ojos grandes más oscuros.

Así que allí me quedé,
viendo solo
con la botella de vino
el último minuto de “It Follows”.

Al cruzar la avenida
supe que iba a cumplirse un pequeño sueño,
salir del cine
y estar
de repente y contigo
en Canadá,
porque así se llamaba el bar,
Canadá.

Nos tomamos una copa
en la calle,
tú te abrigabas
en el humo de un cigarro
de noviembre.
Habías visto a tu ex
dentro, en el cine,
“por eso te dije de esperarte aquí”.

Nos tomamos otra copa ahí fuera,
tenía frío
pero
tú tienes esa manera de hablar,
esa voz que me permite seguir tu hilo
el rastro de tu nervio con la vida
y con el mundo,
imprevisible,
inestable,
que sin embargo me calma
allá a lo lejos.

Esa noche
sin ningún motivo,
contra todo lógica,
supe
que me querías cerca,
que te gustaba.

Lo supe antes de cruzar la avenida
al esperar al semáforo rojo
camino de Canadá
porque
me miraste entonces
frente al otro lado de esa orilla
como miran
los que esperan a alguien
al otro lado del océano.

Vi el humo de tu cigarro
que se esfumaba en el presente
con tu aliento.

Fumabas abrigada,
y me sonreíste
por primera vez
como se reconoce a alguien
que llega de muy lejos.

Expositor número doce

Los días extraños han llegado
han apelmazado su careta
se han vuelto pegajosos y lánguidos
como un calor mal aireado
como aquel muerto del expositor número doce,
¿te acuerdas?,
cuya voz sin labios preguntaba:
“¿cómo se sale de aquí?”.

Hasta el cansancio es diferente,
se ha vuelto el de otro,
hasta cuesta acordarse del presente
reconstruir su línea, recomponerse,
ahora
hasta el insomnio se sabe en la memoria,
que se estría y anida
como una araña
entre la garganta y el aliento.

La sonrisa arranca despacio,
alarga los finales
cuando te miro,
suma curvas y confusiones,
suma nombres y pieles
aromas y tactos,
te acumulo,
no te ofendas,
al contrario,
me gusta verte desnuda
y pronunciarte de cerca.

Somos dobleces,
cuerpos,
sobre una memoria encapotada,
somos un cielo críptico
abrasador
que se engancha y mira,
que se revuelve un instante.

Somos ese cielo
y sus dedos alargados
señalan ahora a la orquesta
que toca detrás del telón
que repite nombres,
desafina aromas,
retumba y mezcla
un presagio vacío
que retorna a por nosotros.

Pizarra

Pizarra rota
rasgadura abierta
al cielo
horizonte vertical
y arriba
de un cristal
de ansiedad
y negro mate.

Pienso en tus ojos
trazados
de temblor y tiza líquida,
pienso
en tu eco
sobre la pizarra negra
y rota
de los cielos,
eres
tormenta y luz
de puro nervio,
posibilidad al tacto
que se asoma
entre la duda y la mirada
de tu pasaje incendiario.

Materia de examen

…Cinco formas estrictas
de trazar los desencuentros
o encontrar otras materias
de lo soñado,
esto será materia de examen
entra todo, tomen nota:
depositar una cuchara fría,
helada,
en la nuca de la persona amada
real e imaginaria
mientras duerme,
ensamblar las piezas
de un cuerpo troceado
un pollo
un gato
un conejo
llevarlo a la putrefacción
animado
con un mecanismo de relojería
sobre un soporte de madera
de 3×2,
recortar con tijeras de escuela
de puntas redondeadas
de mural de ciencias naturales,
el horizonte de un amanecer
o atardecer
y si la tristeza así lo exige
roben para ello material escolar
de niños en activo,
repitan su nombre
hasta perderse
y desanclarse
del sentido,
se exige la caída,
el peligro del no retorno
y la disolución ante el espejo.

Para ello se recomienda
una dieta estricta
y disfuncional
nada práctica,
ampliar
cualquier desubicación
inesperada
es una opción extra,
para subir nota
creen una construcción,
un castillo
de azucareros rellenos de sal
y especias de naipes picantes
como guindillas,
en suma,
bombardeen la cordura
lo práctico, lo amañado
lo delirantemente convenido,
sazonen
alteraciones al azar
en lo cotidiano
no siga la línea de puntos
no rasque y gane
no pruebe su suerte
no se saque carnets
ni acepte vales de descuento.

Eso es todo,
mañana traigan papel y boli plateados
el examen será a las diez
escribirán en el aire
a la altura de sus ojos,
traigan lo que puedan de ustedes,
no se admiten alumnos
ni calificaciones,
no habrá álgebra
ni parentescos.
Buena suerte.