Pizarra

Pizarra rota
rasgadura abierta
al cielo
horizonte vertical
y arriba
de un cristal
de ansiedad
y negro mate.

Pienso en tus ojos
trazados
de temblor y tiza líquida,
pienso
en tu eco
sobre la pizarra negra
y rota
de los cielos,
eres
tormenta y luz
de puro nervio,
posibilidad al tacto
que se asoma
entre la duda y la mirada
de tu pasaje incendiario.

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Furias

Aún celebro
tener sangre
que hierva
de vez en cuando
desde las entrañas
hasta el borde mismo del pecho
y de los labios,
celebro
las sacudidas en las sienes
que cabalgan el corazón
anegadas de ansiedad
y de impotencia.

Es lo más parecido a estar vivo
que tengo hoy frente al mundo,
y lo aprecio.
Cada mañana mal dormida
con tu nombre
cada ataque de furia y
celos de tus nuevos otros
que vendrán,
la cólera
anudándoseme en los dedos
entre la lucha
diaria y el cansancio.

Carne a carne
noche a noche
soy consciente
del adiós
y del desgarro,
nos quedamos
ya
sin tiempo
para todo
y la rebeldía interna de saberlo
y de querer el imposible de impedirlo
acelera hasta atenazar
el pasado reptante del futuro,
memoria contra dientes
dientes contra olvido
sueño contra insomnio.
Habitamos perplejos
unos más que otros
la soledad sin envoltorios
de esta carpa.

Aún estoy vivo
me digo,
al menos,
entre tanta
mentira y desencanto
queda esta certeza:
estoy vivo,
y aún a pesar de la improbabilidad
más absoluta
estoy aquí
arrojado al mundo
todavía,
y aún soy
capaz de odiar,
o lo que es lo mismo,
aún podría
amar
si encontrara
las ruinas incendiadas
de tu tierra
en otra tierra.

Dos mil seis

Fue aquel verano
en que nos dejaron nuestras novias
y no podíamos estarnos quietos
ni dejar de buscarnos
entre copas y madrugadas
y cada uno tenía sus manías y sus gestos
que todos reconocíamos y soportamos
como propios,
qué importantes fuimos
los unos con los otros.

Una noche
Chema se fue al coche
y se quedó bebiendo solo
y bailando una canción de Boney M.
Iván después se desplomó borracho,
de espaldas contra el cielo
como Berengario en la marmita de El nombre de la rosa
y por el retrovisor del viejo Golf
Nico y yo solo veíamos
sus pies apuntando hacia la luna llena y despejada de verano.

Eran noches insoportablemente calurosas
y los cuatro estábamos jodidos
pero juntos
en aquel verano de desamor hiriente
y resacas de invernadero,
cada uno y a su modo
salíamos a ahogarnos en las noches
apoyados siempre
los unos en los otros
y éramos en nuestra angustia
lúcidos e irremplazables.

Hoy han pasado diez años
y ahora la ansiedad
es mucho más banal y presurosa
y está atada a las cosas que te obligan
y no quieres,
por entonces,
y estoy orgulloso de nosotros,
supimos que estábamos solos
y que había una edad para todo
que estábamos perdiendo
y qué teníamos razón
al sentirnos vacíos
y con un irreparable abismo en el estómago
porque nunca nos consolamos con las palabras de otros
porque intuimos y afrontamos
en aquel presente
que nos dijeran las idioteces que dijeran
ya no podríamos querer como quisimos
a aquellas cuatro rubias de verano.

Dos mil seis
fue aquel verano
en el que nos dejaron nuestras novias
y seguíamos tocando la piel de sus perfumes
para exorcizarlas
con música cualquiera
con alcohol hasta morir
con calor y ansiedad
de punta a punta de verano.

Una se fue lejos y no volvió,
de la otra, dices, no sabes nada,
que fue madre,
crees,
y que se casó con aquel perfecto gilipollas,
otra quiso volver mucho después
cuando dejó de ser joven,
y la última murió
hace poco y de repente.

Es curioso
lo que uno recuerda años después
con cariño,
aquellos días de dolor,
incluso
con una sonrisa.
Nosotros nunca creímos del todo
aquello de la felicidad y del amor.

El horror era el verano

el horror era
el verano
el asco
la muerte y
lo siniestro
era el verano
el calor sofocante
en las entrañas
golpeando la memoria
era el verano
entresudando
la carne cuarteada
de los viejos
y
la cuenca vacía
de tus ojos enterrados.

el dolor
el paro
el padre envejecido
la siesta cansada
la espalda pegada
al cubre
las cuatro de la tarde
la angustia
la rabia
y el adiós
el insomnio en llamas
a las tres
de la mañana
el vacío inconsolable
hasta la caries
la extrañeza
el alquitrán
y la náusea
del tiempo desbocado.


en la playa
tumbada bocarriba
preguntando
si te quiero
mirando al infinito
bajo la estela de un avión,
hace diez años.

el horror es el verano
tu biquini tendido
en cualquier parte
tu perfume
y la medicación
y hacendado
y los hijos de los amigos
y la arena la sal
y el cementerio

el horror es
tu foto de perfil
el verano es
la ansiedad encabritada
sudándote al galope
a través de
la noche solitaria
es el grillo
y las estrellas
es la certeza
y
es la pérdida
mientras me reflejo
en la pantalla del pc
escribiendo letras
y más letras
hasta hacerme
insoportable.