Expositor número doce

Los días extraños han llegado
han apelmazado su careta
se han vuelto pegajosos y lánguidos
como un calor mal aireado
como aquel muerto del expositor número doce,
¿te acuerdas?,
cuya voz sin labios preguntaba:
“¿cómo se sale de aquí?”.

Hasta el cansancio es diferente,
se ha vuelto el de otro,
hasta cuesta acordarse del presente
reconstruir su línea, recomponerse,
ahora
hasta el insomnio se sabe en la memoria,
que se estría y anida
como una araña
entre la garganta y el aliento.

La sonrisa arranca despacio,
alarga los finales
cuando te miro,
suma curvas y confusiones,
suma nombres y pieles
aromas y tactos,
te acumulo,
no te ofendas,
al contrario,
me gusta verte desnuda
y pronunciarte de cerca.

Somos dobleces,
cuerpos,
sobre una memoria encapotada,
somos un cielo críptico
abrasador
que se engancha y mira,
que se revuelve un instante.

Somos ese cielo
y sus dedos alargados
señalan ahora a la orquesta
que toca detrás del telón
que repite nombres,
desafina aromas,
retumba y mezcla
un presagio vacío
que retorna a por nosotros.

De Entre Los Muertos

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la densa perplejidad de mis miasmas
estancadas a estacazos y derivas
no aciertan a creerme
retienen un oscuro murmullo
que se ahoga
en otra madrugada enfebrecida
a la búsqueda inútil
de una combinación impronunciable
que trate de evitar
tu nombre
la herida encadenada
la culpa del tiempo.

quisiera refundir la sangre
retejer la materia futura de sus hilos
saber que aún no estoy muerto
o que si lo estoy
soy ahora
reverberación acristalada
de otras luces iguales que ya fueron.

yo era más,
ahora lo sé,
de no ser yo
de no encontrarme
de mantenerme unido
al eco de lo inerte
y perderme cedido a la existencia
esparcido en los objetos y las cosas
para no habitar esta renuncia
que desvela cada noche
para no tener que encargarme
de la mancha envuelta de tu falta.

nunca supe serme yo
nunca quise habitar nada
ni separarme de las cosas
quiero refugiar de tumultos lo improbable
dejarme caer en lo infinito
reencontrarme contigo ya sin voz
en todo lo que tocas.

yo no quiero esta consciencia
quiero la piedra seca de tu nada
quiero ser tú sin yo saberme
que me llames y pronuncies sin decirme
para salvarte de nuevo de la muerte,
quiero devolver estas palabras
a la mirada vaga que las quiera
a quien las necesite en la tierra
de los hombres
a quien las maneje mejor para encontrarlos,
quiero volver a antes de sernos
olvidar lo simbólico y sus actos
reanudar la pasión y el nervio
la tortura también de reencontrarte.

tengo ese deseo
esa explosión invertida
irrazonable
y, lo sé,
también colérica,
somos la inscripción del gran fracaso
la letra muda y sin signo
la incompleta inscripción del amor
hundido en otro cuerpo,
somos recreación imaginaria
maldición de hijos ciegos y sin pies
una rama enroscada del deseo
pegada a la piel y al tiempo
en la parte atascada de su lodo.

quiero vomitar todas las noches dolientes
que me queden
sobre tu insomnio multiforme
que no cesa,
eres la venenosa araña de mis ansías
vestida de otro nombre y otro cuerpo
que casi nuevo y repetido
se replica.


reapareces ahora de repente
abierta a la fugacidad y a la esperanza

yo era más de permanecer perdido entre las cosas
y no tener que buscar entre palabras
cuando tus ojos pronunciaron
la preciosa tormenta de su vida.