Expositor número doce

Los días extraños han llegado
han apelmazado su careta
se han vuelto pegajosos y lánguidos
como un calor mal aireado
como aquel muerto del expositor número doce,
¿te acuerdas?,
cuya voz sin labios preguntaba:
“¿cómo se sale de aquí?”.

Hasta el cansancio es diferente,
se ha vuelto el de otro,
hasta cuesta acordarse del presente
reconstruir su línea, recomponerse,
ahora
hasta el insomnio se sabe en la memoria,
que se estría y anida
como una araña
entre la garganta y el aliento.

La sonrisa arranca despacio,
alarga los finales
cuando te miro,
suma curvas y confusiones,
suma nombres y pieles
aromas y tactos,
te acumulo,
no te ofendas,
al contrario,
me gusta verte desnuda
y pronunciarte de cerca.

Somos dobleces,
cuerpos,
sobre una memoria encapotada,
somos un cielo críptico
abrasador
que se engancha y mira,
que se revuelve un instante.

Somos ese cielo
y sus dedos alargados
señalan ahora a la orquesta
que toca detrás del telón
que repite nombres,
desafina aromas,
retumba y mezcla
un presagio vacío
que retorna a por nosotros.

Sobre el cielo

Hay un barrio a medio construir
en la ciudad
donde los solares son como
fueron siempre
y el cielo es azul cobalto
y rojo furia a ciertas horas
con su ombligo bajo
trazado de violetas y naranjas
y ante él
hay plantada
como en un desafío ridículo
una sola finca
rodeada de malas hierbas
y espacios vacíos
y escombros de fábricas viejas
que suenan al andar
como suelos de pisos troceados
con azulejos de otras épocas
mordidos entre la piedra y la gravilla

la tarde se cierra y cae del todo
el barro y el viento
aun sacuden
este reducto inesperado
de solares y silencios
e inclina mis
visiones
a esas luces que iluminan
allá arriba
alejando la oscuridad
de los espacios acogedores
que son vuestros hogares

os veo,
pantallas planas os alumbran
con mensajes de whatsapp
cerca de los pechos

os veo,
de un lado a otro
rodeados de
luces cálidas
y azul cocina
y miro vuestra actividad siluetada
entre persianas y colmenas
colgadas
sobre mi cabeza
a la altura del cielo
y bajo mis pies
la gravilla retrocede
maleable
hasta hacerse pavimento.

me gusta
ver las sombras
a través
de esos huecos,
qué interiores
tan acogedores
cuando
no hay luz
para la noche
y nada dura
sobre el cielo.

Borrasca

Te sostengo
se bebe la esfera tu reloj y los corales
a plena luz de calle
intento repararte
los toldos de los bares abatidos
las mesas recogidas
mis dedos temblorosos
sobre la piel de tu engranaje
y el cielo que se gira encapotado
de búfalos negros desbocados
que rugen
y rugen
oxidados
sobre el calor hiriente de este agosto
sobre las crestas de algún mar que rompe lejos

con las manos abiertas
intento repararte
bajo el galope roto
de tu cielo
te sostengo.

Laura

El tiempo detenido
fantasmas en tus dedos
el cielo por tu nuca
la tierra mojada
tu aroma de repente
y yo sin conocerte.

Verano en tu piel
la ciudad encantada
la ventana abierta
y yo sin conocerte.

Tus pies pequeños
la luna inmensa
mi soledad tan cansada,
y yo esperando,
a que calle
la última noche
para arrancarte un adiós,
para escucharte un latido
ahogado y blando.

Duermes,
y no lo sabes,
pero tienes
pies de selenita,
ojos de cuervo
y corazón de fantasma.
Nadie,
ni siquiera la luna,
tiene la sangre tan lejana.