Del pulso

De la humedad de tu cueva
de la diáspora viva de tus ojos
también de tus labios y raíces
del sostén extraño del espejo
de la imagen
y el reflejo

De tu falta
y de tu pelo
de tus manos
y enredaderas
de las cinco de la tarde
azulejos y herrumbre
cuando duermes
besos
y paredes blancas de verano

De aquello que no sabes
y me cuentas
de lo que callas
y te guardas
de tu sueño
de tus piernas
de tu fuego
abierto al tacto
del deseo que no cubres
con tu nombre

De la llegada
de tu cuerpo
justo ahora
que sucedes.

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Un cuerpo y dos heridas

Me lo pide la corriente
me lo pide tu cuerpo
y el instinto
y el ansia,
no creas lo que dices
porque ya lo sabes
y no escuches lo que hablamos
porque no importa.
Lo nuestro
lo pide la vida
y te lo digo:
quiero ser calígrafo
y babel
de tu cueva húmeda
y sedienta
desnudarte un momento lo real
en la entrepierna
subirte con mis manos
de tus muslos
sus esperas,
darle lumbre
a esa locura ardiente
que te consume y muerde
las entrañas
y coser a punzadas tu voz sin hilo
y arrancarte el desencanto del cuerpo
para siempre
y liberar a cielo abierto tu piel lunática
hasta que no te reconozcas
y me veas
tragarme enteros
todos
tus huesos y pupilas
las astillas de tu espacio desbordado
el salitre vivo de todas tus mareas.

Quiero que ya no seas más,
quiero desvanecerte en lo olvidado,
sí,
abrir tus labios
a su abismo
estrangulándote
un poco
y un poco
más
hasta comerte el coño
y hacerte daño
hasta besarte el alma
para que se derrumbe
sin tu nombre
cerca de la muerte.

ya ves,
quiero desordenar los deseos
en la orilla de tus pies,
que intuyas la nada
acechándote el cuerpo
a los pies de la cama
para que te alcancen
allá abajo
y se nutran
esas ganas que tienes
a veces
de morirte.

Eres una calavera seca
y flaca y revivida,
un precioso pergamino
que ha hundido sus garras
en mi sed
para
jugar conmigo
a soledades
a barro y timonel
a grutas peligrosas.

Yo quiero,
en fin,
hundir
y acariciar
el espléndido vacío
de tus enormes ojos huecos
manchados
de saliva negra
y sangre en rama,
y quiero
que quieras
moldearnos el deseo
y perdernos en la cama,
que tu cuerpo y el mío
dejen juntos
entre las sábanas
una huella
y dos heridas
al tiempo que se va.