Desde los ojos de un futuro

No sé por qué
pero ahora,
los recuerdos
ya no tienen prisa
y detienen
su paso ante mis ojos
y dejan allí
sus perlas rodantes
de cristal opiáceo
que se desprenden
con una intensidad
desconocida,
hunden
sus blandas gotas nacaradas
sobre mi corazón vigilante,
ahora un rostro
que susurra,
ahora una imagen
que se revuelve
y de alguna forma se queda,
pasa sin avisar hasta el salón
y ahí,
como un lento relámpago,
muestra
su flagrante nitidez
su momento ya perdido
su cuerpo que tiembla
de fantasma y carne leve
volteado al otro lado de los ojos.

¿Duerme alguna vez acaso
la mirada?
esos rostros
que
descansan
plácidos
ausentes de su ausencia
y de su luz en la memoria
se muestran
como si no tuvieran duda
y me hablan en presente
sobre un tiempo
que no sabe situarse
y se confunde
con la misma seguridad de aquel instante.

¿Dónde miran
los ojos
cuando miran hacia dentro?
Las varices de las piernas
de mi abuela,
mi madre dormida en el sofá
en un verano
una tarde de domingo,
o aquel amor,
abriéndome la puerta,
sus enormes ojos
oscuros
pidiéndome
de repente
en plena calle
que la quiera.

Y
como entonces
tiemblo,
no sé qué hacer
con todo ello,
no sé qué decirles,
y callo,
no les digo
que siempre vi
su ausencia
desde estos ojos del futuro.

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Diciembre

La brecha del tiempo
se ensancha y separa
en otra persona
desenvainada de ti mismo
que responde a tu nombre
y se enlaza peor con el pasado
cerrando las esquinas
deteniéndose en el espejo
como no lo había hecho nunca antes,
incrédulo, asombrado
de reconocerse
mientras el agua gotea
y la vecina despierta a sus hijos
para llevarlos al colegio.
La vida, te das cuenta,
uno mismo,
tiene más
y a la vez
menos importancia.
Te lavas la cara,
gotas perladas
caen
a trompicones
por tus mejillas
caen
y algunas se quedan
en la frente,
cierras el grifo
tu rostro, tus ojos
esos dientes,
te detienes un rato
y te preguntas
si no te habrás quedado allí,
al otro lado,
la madre prepara el desayuno
entre prisas y sonidos de vajilla
dice sus nombres,
ellos responden
con sus pasos
breves y seguidos
y se marchan
apresurados
escaleras abajo
sin parar a contemplarse
en el espejo.