El largo día acaba

Nadie nos habló nunca
del silencio de las cosas
del silencio casi yermo
e hiriente de la vida,
descubrirlo despacio
después de tus ojos
después de los ecos,
descubrirlo de golpe
y de repente
una tarde,
pasando los cuarenta,
mirando atrás,
mirando al frente,
algo aturdido
con la tercera cerveza
y las manos recogidas
como hacen los ancianos
con el silencio que les queda.

Los niños juegan en el parque.
Veo una araña en sus cabezas
que se enreda.

Escucho un
murmullo,
después
silencio.

El largo día acaba.

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caminantes

He descubierto hace unos días
pasos antes inaudibles
que caminan con los míos,
sombras de sombras,
susurros y brillos
de colores muy lejanos.
Es un frío aliento que se enciende
como un mar
y redecora sus voces
y no cede.
Camina conmigo un eco
que tiembla y muda el tiempo
como un reflejo visceral del mediodía
sobre el agua estancada
de las charcas,
como un líquido murmullo
rellenando los surcos
del silencio erosionado.
Sangre y agua.
Nombres nacarados.
Rubores y mejillas entorchadas.

Camina conmigo el alma y la culebra
de una lluvia iridisciente
que destila fuego y miel
sobre noches no dormidas
y anhelos extirpados.
El agua rescata de su barro
un reguero de miembros amputados
bajo mis ojos entornados.
Llueve,
una lluvia que camina
reiluminando tu nombre
en la humedad.
Sus gotas descienden hacia dentro
en un venero de luz y de vacío
entre los encorvados pasos de la muerte y tu fantasma.