Noche de Agosto

En la melaza atigrada de otra noche de agosto
empeñada en soledades
en sudor y noche estanca,
a estas horas
que se sufren
sin acta ni semáforos
en las que se miran persianas
y las voces no responden ni a los ciegos.
Ahora te recuerdo
y soy capaz,
a veces,
de volver a ver tus ojos

Recuerdo tu piel breve,
su frasco de duendes y nevadas,
cada paso en escalada hasta tu boca
el cristal ardiente y frío
de tu coño abierto
replicando al tacto triste de mi verbo,
reflejos de un sin techo
que se quedó después dormido en tu campo de juegos
bajo las antorchas apagadas de tus ojos,
tan negros
tan vivos y enlutados
tan cercanos en el mapa de la almohada,
cumbres inalcanzables cuando bebía en tus entrañas
que albeaban partidas los cielos violeta entre tus piernas.

Tú dormías,
y yo no podía dejar de mirarte,
como quien mira un recuerdo que por fin ha sucedido,
como el fantasma que funde en un presente
las piedras y el musgo de mi estanque.

Ahora que marzo ya ha pasado,
que agonizas
de vez en cuando y sin nombrarme
en algún mail
en apariencia muy casual y muy medido,
se hace aún más insoportable
que los días se anuncien sin tu cuerpo.

Ahora
que me entretengo en convencerme de tus deudas, impagos y facturas
que pienso que no eras para tanto,
que no existías.
Ahora que ya no tengo abrevadero sobre tu horizonte de sucesos
y aprendo poco a poco
a no esperar las tormentas de verano
ni la sed en gravedad de los agostos.

Ahora,
en noches cerradas y largas como esta
ahora,
recuerdo entre cansancios,
tu voz vestida con mi nombre
la boca abierta y jadeante
que una vez compartimos
y todavía siento más
tu luz atravesada,
las riendas sueltas
tan huérfanas
de tus ojos desbocados.

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Despiece

Me he despertado con un par de mensajes en mi cuenta de Wallapop, duermo mal y poco, pensaba que había sido un entresueño, pero no, efectivamente, una parte de mí puso ayer en venta fragmentos rotos y usados de mi cuerpo mientras creía dormir en la única hora en que creí haber dormido esta semana.

Cabeza: motor de arranque defectuoso, insomne, delirante.
Corazón: desacompasado, introspectivo, sin apenas uso, siempre en garaje de esperanzas.
Manos: inquietas, lentas, de dedos deseantes.
Ojos: cansados de no verte, marrones oscuros casi negros con tendencia a ver fantasmas.

Sueltos 20 euros cada uno.
En pack, 60.
No negociables.

Miento,
sí, negociable,
urge venta.

Obsesión

¿Cómo no obsesionarme contigo?
si la juventud se ha ido
y sé que no me amas,
si sé que ya no existes
y me ofreces en tu cercana lejanía
un borrador infinito de probables
una ansiedad de futuros
que desvelan lo real desde tu nuca
oscilando en tu flequillo
y en la delgada palidez de tu cintura.

Dime,
¿cómo no obsesionarme contigo?
si renuncié a la realidad
que no conmueve
y solo me sé ser
a través de la mirada
y de la luz,
si no soy yo
cuando soy
el que te mira
y espera que le mires
para sostenerse
en lo que tejes
cuando
al fin
por un instante
tus ojos vuelven
de allí donde estés
para mirarme.

Desprendida

Miré
la superficie
descarnada de la luna
y el velo cayó
sobre
la noche de verano

y entendí que
lo que tenías dentro
era un pedazo de luna
separado del mundo
y de las cosas
que ardía
con su luz líquida y perdida
proyectándose en tus ojos.

Todo esto
lo descubrí hoy
y sé,
que aún lejos,
lo sentiste
y que quizás nos tocamos
otra vez
con la forma de una sacudida
de una inquietud
y una tristeza
o de un giro
fugaz
que no se ciñó a nada,
un corte limpio
de aire de verano,
un suspiro
callado en el rigor
de lo que es ahora
tu rutina.

Pero
¿quién sabe?
quizás
fijaste
en ese momento
también y sin querer
tus ojos en la luna
como si se hubiera posado
una boca
a medio hablar
sobre tus labios

la luna como estandarte y madre
te reclama
y en tus ojos se prenden las llamadas
de su eclipse
y tu batir de alas heridas
todavía duda
del cuerpo de su fuga,
dos luciérnagas negras sobre
el bosque nevado
de la vida.

Fuiste,
sé que aún eres,
estés donde estés
y aun descontenta
y devorada
un trozo desprendido de la luna
que se sueña
y oculta
en la carne viviente
de tu fuga.

Fantasmas de Lodz

Cómo se iban tus ojos
y tras los tuyos los míos
por las calles de Lodz,
parecías ver algo
que yo no veía
pasajes y luces amarillas
hielo seco del este
y diciembre escondido
en la cama y en tu piel

no nevó
¿te acuerdas?
no nevó

la noche tocaba a tientas
nuestro vaho en la ventana
y tú dormías
como duermen los muertos
el cuerpo vacío
cuando pasa el amor

el tiempo tocó tu voz
tembló en los labios
y la juventud se me quedó,
hoy lo sé,
en tu cuerpo caliente
por las calles de Lodz

¿te acuerdas?
aún me pregunto
si te acuerdas,
un poco,
si eres capaz de pronunciarnos
si puedes vernos juntos
diez años después
por las calles de Lodz

cómo se iban tus ojos
por las calles de Lodz,
parecías ver algo
y no nevó.