Desde los ojos de un futuro

No sé por qué
pero ahora,
los recuerdos
ya no tienen prisa
y detienen
su paso ante mis ojos
y dejan allí
sus perlas rodantes
de cristal opiáceo
que se desprenden
con una intensidad
desconocida,
hunden
sus blandas gotas nacaradas
sobre mi corazón vigilante,
ahora un rostro
que susurra,
ahora una imagen
que se revuelve
y de alguna forma se queda,
pasa sin avisar hasta el salón
y ahí,
como un lento relámpago,
muestra
su flagrante nitidez
su momento ya perdido
su cuerpo que tiembla
de fantasma y carne leve
volteado al otro lado de los ojos.

¿Duerme alguna vez acaso
la mirada?
esos rostros
que
descansan
plácidos
ausentes de su ausencia
y de su luz en la memoria
se muestran
como si no tuvieran duda
y me hablan en presente
sobre un tiempo
que no sabe situarse
y se confunde
con la misma seguridad de aquel instante.

¿Dónde miran
los ojos
cuando miran hacia dentro?
Las varices de las piernas
de mi abuela,
mi madre dormida en el sofá
en un verano
una tarde de domingo,
o aquel amor,
abriéndome la puerta,
sus enormes ojos
oscuros
pidiéndome
de repente
en plena calle
que la quiera.

Y
como entonces
tiemblo,
no sé qué hacer
con todo ello,
no sé qué decirles,
y callo,
no les digo
que siempre vi
su ausencia
desde estos ojos del futuro.

Porteña

Muerdes seca
rechina la vida
al siroco de tus ojos
que no cesa,
que no cesa,
caracola fría
que no cesas,
arenisca mascada
resol derribado
derretida miel de hastío
aliento acalorado
entre mis dedos,
risueño vaivén de nada
que no cesa,
que no cesas.

Rompe tu marea
vacía e incesante
sin motivo
en mis venas portuarias
clamando callada
con la frente bajo el mar
y las pupilas en el cielo
emergiendo nocturnas
al puerto de mis sueños.
Aquí vienes,
coral oscuro,
relámpago salado
que no cesas,
que no cesas.

Sombra marina
que rompes
el mar y el faro
con tus pasos
encharcados,
sueños inconclusos
arena mojada
carne de mar
que no cesas,
rellenas destellos
ya cansados.

Ánfora de desvaríos
espiral angosta
piel de agua,
dejaste
un par de perlas negras
en las manos del niño
ahogado en el mar.
Pasado
que no cesas
que no llegas.