El largo adiós

Los sueños se escaparon
y aunque uno despierte
a veces
con sus ojos
hay que hacer que no han pasado,
que siguen a la espera
tras la puerta
a un solo paso,
hay que tocar otras pieles
darles un nombre
negar la voz muerta
de su cuerpo frío.

Pero los sueños,
lo sabes,
se agotaron
te lo dice la noche abierta
que sangra y que supura,
ya solo se trata
de darles calor
y acogerlos como a un muerto
al que se amó
y del que poco a poco
perdemos su rostro.

Las colas del paro
la ansiedad
los cursos y las horas
la náusea
que espera agazapada,
también,
otra vez,
la cama solitaria.

Ya solo
se trata de ocuparse en otra cosa
de despertar
mientras los sueños se agolpan
y se convierten en fantasmas
aferrados al brazo de tus muertos,
llamándote,
seductores,
como si fueran ellos
los que sucederán más tarde,
como si aún esperasen tras la puerta
olvidándote del tiempo.

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El castillo colmena

Doce puertas
en el castillo colmena
alzándose
solemne y derruido
en la cima desgarbada
de este monte.
Todavía queda algo
de su magia maldita
en esta tierra
y aún se percibe
su insaciable hambre
de tristezas
en las noches deslunadas
que despegan
las almas yacentes
de la tierra.

El castillo colmena
de las doce
puertas
es ya muy viejo
y dibuja ahora su fachada
dejando entrever la antesala
sin suelo de sus tiempos.

La habitación primera
absorbió a un niño
que enloqueció años después
al recordarla,
otra
dejó pasar
una alimaña
que bebió
los fetos
de mujeres
hasta ahogarlas,
otra mostró algo
innominable que dejó
a tu dios temblando
lejos de la angustia
de los hombres.

Esa que ves ahí,
la que aún tiene
un pedazo de puerta
rota
en su bisagras
era la favorita de la vieja,
de su viga
se ahorcaron
dos personas
con el mismo vestido
y misma pena
que volvieron después
desde la tumba
con la sonrisa
amplia y dentada
con los ojos fijos
muy abiertos
para habitar
un tiempo
de silencio
entre nosotros.

Doce huecos tiene
ahora por puertas
el castillo colmena
que se alza solemne
y derruido
en la cima desgarbada
de este monte,
yo
te hablaré de todas ellas
cuando vuelvas
por una de sus puertas
a esta tierra.

Mira la luna
como calla
cuando rebasa
su grandísima muralla.