El largo día acaba

Nadie nos habló nunca
del silencio de las cosas
del silencio casi yermo
e hiriente de la vida,
descubrirlo despacio
después de tus ojos
después de los ecos,
descubrirlo de golpe
y de repente
una tarde,
pasando los cuarenta,
mirando atrás,
mirando al frente,
algo aturdido
con la tercera cerveza
y las manos recogidas
como hacen los ancianos
con el silencio que les queda.

Los niños juegan en el parque.
Veo una araña en sus cabezas
que se enreda.

Escucho un
murmullo,
después
silencio.

El largo día acaba.

Río Seco

“Ha sido un día difícil
y la noche lo será aún más”
piensa
“y quién no los tiene.
Días difíciles”
dice,
así que abre otra cerveza
en la terraza
y mira el cielo claro
y abajo
a ese árbol viejo y solitario
que se enrosca sobre
el cauce seco del río.

La tercera cerveza
pasa
la cuarta lo hará pronto
y seguirá sediento.
El silencio comienza a oscurecerse
se queda al ralente del paisaje
que va cediendo
poco a poco:
“esas vistas son un pequeño milagro”
se dice
“inesperado”
añade
“en su maltrecha economía
de alquiler”
concluye.

“Es un día difícil”
piensa,
“quién no los tiene”
se dice,
pero
piensa también en la noche
y la teme
es uno de esos días
en los que se da cuenta
que el tiempo se agotó
pero que siempre podrá escribir
en su esfuerzo entrecortado
y nada más.
Y nada menos.

Es uno de esos días
que cada vez con más frecuencia
y menos disimulo
se agolpan en su puerta.

Teme la noche
el golpe sordo de su corazón
su despertar angustiado
cuando no duerma
y todo esté ya cerrado
para el sueño.