Kraken

Unos enormes tentáculos,
enraizados en el núcleo de la tierra
surgieron del fondo del océano
como estrías de lava palpitante
de un volcán marino
y ardientes
de olas y espuma
partieron las aguas,
evaporaron el mar,
y se elevaron en plena noche
directamente hacia las estrellas
directamente hacia la luna.

Yo tenía los nervios sedientos de tu nombre
así que agradecía que sin previo aviso
la realidad se estuviera haciendo añicos
delante de mis ojos y los tuyos
allá donde estuvieran.

Eran ocho
los tentáculos de vapor incandescente
que poco después
la alcanzaron y envolvieron
y se aferraron a ella.
Me conmovió la fuerza de su necesidad,
también el deseo, el anhelo de una espera
que despierta ciega
y que se sabe
sola.

Admiré aquel acontecimiento,
aquella grieta viva de pura abstracción
e irrealidad,
esos ciclópeos tentáculos del Kraken herido
de las entrañas de la tierra
que habían despertado de repente
eran todo un revés a la estulticia
de los días
y los días
y los días.

Envueltos en cortinas de vapor
aquellos tentáculos pulposos,
todavía incandescentes,
refulgían
entornados del agua de sus mares
y con el nácar ardiente de la tierra
envolvieron a la luna
y la abrazaron
con tanta sed
que la luna comenzó a astillarse
hasta que saltó de sus goznes
como madera vieja.

Sus pedazos flotaron lentamente
y después
cayeron
y cayeron
y cayeron
en miles de dedos
de blanco reluciente.

Así que abrí una botella de vino tinto
mientras los tentáculos se retiraban
de nuevo a sus entrañas
con su amor roto en el aire.
Trozos perlados de la luna
se desprendían sobre la tierra
como vidrios rotos de glasé.
Apuré el trago.

Al día siguiente
la ciencia le daría un explicación a todo.
Al día siguiente,
con los mares aún revueltos
vería una foto tuya de perfil,
en ella sostendrás
una pequeña roca lunar en la palma suave
de tu mano
y bajo ella aparecerá otra,
entrelazada,
que ya no es la mía.

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Roedores

Roe
cualquier hueso
también
el esqueleto
de esta noche larga
tendida aquí
junto a tu cuerpo
y sostén la sed
de sus preciosos ojos ciegos
que te miran mirar
y oscilan
con la marea
de aquellos rostros
ya perdidos
tatuados de insomnio
irisdisciente.

Roe los entresueños
de tus manos
roe esta
soledad batiente
que se agita
aquí en la noche
y hunde su cuerpo
entre tus dedos
y la faz partida de la tierra.

Una vez
tuvimos un lugar
los dos,
una vez
dormimos juntos
sobre noches como esta,
teníamos la herida abierta
y tú ungías
madreselvas de otros mundos
sobre el fin del horizonte.

Es curioso,
nunca sabes
qué momentos
se quedarán contigo
y anudarán
lentamente
la dura nuez del tiempo.

Roe,
y hazlo
solo,
reconócete en la angustia
recupérate del tiempo
y de la muerte
y vuelve,
y continúa
hasta que
en ti
no quede
luz.

Tus imágenes
caerán,
únicas,
pero
existieron
una vez
solo
porque

las arrancaste
del abismo rugiente
de
la
nada.

Astronauta en tierra

Un astronauta de humor vítreo
y superficies desplazadas
se repliega
para viajar en lo real sin referencias.

El gas desprendido de una bombilla rota,
por ejemplo,
trasladó ayer Hiperión
al plafón fundido de mi cuarto
y antes de dormir vi
los matices de ese argón encapsulado
convertido en óleo de Saturno.
Otra noche,
siendo niño
en un verano
también y de repente
una pared fue superficie lunar
toqué su gris perlado
vi en el gotelé las sombras de sus rocas,
la Luna
ventana abierta
estaba fragmentada en la pared
y mis yemas índice y corazón
se habían posado sobre ella

El espacio está plegado
dentro de las cosas,
ahí fuera
dedos y ojos son lo mismo,
astronautas y buzos en lo otro
carne y escafandras del deseo
que incorpora todo lo que toca

Lanzamiento
búsqueda
contacto
hiperestesia elíptica
más allá de Hiperión, luna de Saturno,
la tierra lunar de mi pared,
tu tierra
exploraciones cotidianas
colonizaciones fugaces
los ojos que tocan
que tiemblan
luz y analogías en abismo
que salen de su eclipse de repente.

De este lado

No hay
ni tardes quietas
ni descanso
en el lado hirviente
las venas se erosionan
la sangre se desboca
dentro
el ansia está tan cerca
la angustia vive tanto
del cuerpo que le falta
que el aliento apenas llega
un día sí
y otro también
a alzar la voz de sus precintos

Este lado
que consume y desgasta
como piedra contra piel
como lumbre de fuego en la marea
este lado
este lado hirviente
ese que nadie quiere cerca
de su zona de confort
es la vida
y
es el que se prefiero

Este mar de lava ácuea
de rugidos y espumas cuarteadas
de costuras y remiendos
de faltas, culpas y mentiras
de cuentas pendientes
y silencios
este mar
que tormentea
que no cabe ni se llena a dentelladas
que empuja imparable hacia adelante
que se escucha y se relincha
con llamas y miradas
y nunca se completa
es el lado hirviente que se funde
y enseña que
somos extensiones de
tierra y roca tierna
recorridas por un rayo
que necesitan perderse y repetirse.

A cada paso
entre tacto y bocanadas
se sueñan los muertos,
así que
déjame
ahora que sé
que tienes húmedos los labios
que sé que sufres y tocas
deja que te arranque
deja que te bese
antes de que el agua se retire
de tu orilla más caliente

Ahora que ardes
con todos los nombres
¿quieres ser tú
mi nueva sombra?

Tierras

Duerme la acequia
y la fosa
la raíz incendiaria
de la primavera
se enreda
en tus cabellos
en los quince grados
de este letargo agazapado,
la atmósfera es
ese terreno blando
donde el suelo se retuerce
y ondea
como si los muertos
calibraran las miradas
de tanta raza torpe
de tanta voz ahogada
en su perfume
de tanta ausencia
arrancada de su tierra.

Mira
ven
susurra
a través de este agujero
que mis manos vivas
han cavado para ti
con sus uñas,
aquí se hunden
y renuevan
mis zarpazos
en esta tierra húmeda
y blanda que cae
hasta tus sueños
entre los dedos de los dos.

Escúchate
pronto alcanzará
a tus labios
lo escindido
pronto
no estaremos juntos
la atmósfera trae
ahora el momento
preciso que la separa
de otra primavera
que distraiga,
ven,
acércate
toca
un poco y habla
de esta tierra mojada
que se pronuncia conmigo
entre tus dedos
clavándonos los
dientes del presente,
mírala
pronto
cederá su hueco
al tiempo
y
a la indefinida
consciencia
del absurdo
que la separa
de nosotros
pronto
alcanzarán
tus tierras
otras voces
que me callen,
que no la toquen
nunca
como
la hundimos
hoy
nosotros.

Tierra mojada

Llueve,
extrañas criaturas
se desprenden en cascada,
fantasmas goteantes
de tu tumba hasta
mis ojos.
¿Dónde están los tuyos?
¿Cuándo se perdieron?
Llovía fuera
y colgando de tu cuello,
más allá del cristal
y la ventana
aspirábamos juntos
la tierra mojada.
Yo miraba muy cerca
tu mejilla perlada,
tu vientre y el agua,
pero
las gotas borraban
tus ojos llovidos
y derramaban despacio
el horizonte en los míos.

Busco tu nombre
en la lluvia,
tu alma helada en el rocío,
tu voz en las nubes partidas.
Llueve,
y pedazos de tus ojos
caen
rotundos a mis pies,
las nubes aúllan,
se cierra la noche,
resuena tu amor.
Sé que quieres que sonría
sobre la tierra mojada
entre el agua y el cielo
del tiempo robado,
pero algo resuena
que parece tu nombre
al aire del mío.
En la humedad reblandecida del invierno
mis sienes aún palpitan con las tuyas,
es posible,
es posible que te quiera tanto
que la lluvia y tú seáis ya lo mismo.