El largo día acaba

Nadie nos habló nunca
del silencio de las cosas
del silencio casi yermo
e hiriente de la vida,
descubrirlo despacio
después de tus ojos
después de los ecos,
descubrirlo de golpe
y de repente
una tarde,
pasando los cuarenta,
mirando atrás,
mirando al frente,
algo aturdido
con la tercera cerveza
y las manos recogidas
como hacen los ancianos
con el silencio que les queda.

Los niños juegan en el parque.
Veo una araña en sus cabezas
que se enreda.

Escucho un
murmullo,
después
silencio.

El largo día acaba.

Dos tiempos

se ha dibujado una colina
en mi horizonte
el reloj marca dos tiempos
en este despertar de madrugada

hay un desborde de tu paso
y un recuerdo
una ciudad sumergida
en esta otra
un negativo acanalado
de tu luz
esperándonos despierto
y un desconcierto diario
que rebasa
el empeño inconstante
en revivirte

solo queda soñarte
cada vez más
de cuando
en cuando
dudar un segundo al despertar
de tu presencia
cerrar en la noche
la boca hundida
del estómago

te me apagas
otra vez
más lentamente

a través del tiempo
y de nosotros
los gestos
de
tu rostro
se me están confundiendo
con la vida.

Extinción

Te vestiste tan pronto de otra parte
apagaste tan pronto tu senda
hechizaste de tanta negrura tu contorno
que has agotado mi mirada a tu infinito

me has expulsado tantas veces de tu orilla
mostrando antes su camino
que ahora tus ojos ya no prenden
ni sugieren la llama curva de los dos
sobre el horizonte rabioso del pasado

te has empeñado tanto en rechazarme
que has roto mi esperanza inquebrantable
por ceñir las ansías de tu cuerpo
por rodearte con mi brazo la cintura
y desvestir la sed sedienta de tu nuca
bebiéndome sus velas
a golpes de piel y besos

me has agotado tanto por los dos
que los años y los cuerpos
se han ido yendo
lejos
poco a poco
y de mi amor ya solo queda
la confusión extinguida de los tiempos

no me mires así ahora
no me pidas tu nombre aunque lo quieras
y
no te extrañes
solo envejecí
en la esquina de otros días a tus sueños

ahora
que tu belleza se deshoja
lentamente
ahora que sé besar esta soledad
nueva para ti
no me insultes con un poco de costumbre
de compañía y amor calmo
a quien quiso arrebatarte
a todas tus tormentas

entonces sí
te lo dije
entonces sí
te repetí
teníamos dentro de la vida el mismo abismo
la misma llama solitaria en nuestros ojos
era tan claro y fuerte tu deseo y mi angustia
que podríamos haber incendiado juntos nuestro mundo
para tener las cenizas
que ahora quieres.