Tus Presentes

No me llevo bien con el presente
pero cómo podía decírtelo,
cómo podías saberlo
si mi voz callaba siempre entre tu piernas.

No, no me llevo bien con el presente
los relojes me marcan otros tiempos
siempre fue así, lo supe pronto
y cada nuevo amor me lo recuerda:
el segundero está destartalado
la línea temporal viaja a saltos y galopes
va y viene, rompe
a horcajadas de entredientes y desvelos
rostros y más rostros
todos tuyos.

Convivo mal con el presente,
me llega siempre tarde y repetido.
Te reirás, pero resulta que ahora estás
y que te siento
aunque, a veces, confunda tu nombre con el mío.
Hay momentos,
lo confieso,
en que estoy vivo frente a cada uno de tus gestos,
que contesto tus frases,
que te beso y que te busco
como si aun estuvieras sucediendo.
Y esos momentos tan preciosos
se enredan con tu flequillo liso,
se repiten con tu sombra breve y suave
entre mis manos.

Tú, seas quien seas ahora, ya no me llegas nunca.
Tu imagen viene después, cubista y fugitiva
entremezclada de hechizos y carencias.

Así que no,
no quiero llevarme bien con el presente
porque es así como te siento.
Qué otra cosa es la locura
sino anclarse uno mismo
entre dos tiempos.

Es hora de acabar y de olvidarte
eso me dicen otros
y esto te digo cuando sueño:
“ahora que estás
y no estás te lo repito:
no,
no me llevo bien con el presente”.

Pero ¿cómo podías saberlo?
¿Qué hubiera cambiado?
cómo culpar a esos ojos tuyos encendidos
cuando el deseo recorría vivo tu cintura
y escalaba hasta tu boca
entre el cine
y el vino de entrecopas
con los días de invierno con tu nombre
junto al mío,
mensajes escritos,
ya muy de madrugada.

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Navidad

Es Navidad,
balcones cerrados, vaho
y cristales claros,
sobre el aire y las fachadas
papel mojado de esquirlas y entrevelas,
Diciembre se desangra
al sol sin fuerza en las fachadas.

Con el pie cambiado y sin querer
uno acude a sus citas solitarias,
pero al álbum propio se le cae
una vida que notas ya cambiada.

Paseas solo por el puerto,
al aire frío y al abrigo del salitre,
al muelle del mar estanco
que tiembla de una forma diferente
y se ennegrece.

Es diciembre,
el mar le habla al hormigón
y tú preguntas sin hablar
qué ha pasado,
qué fue de aquellos regalos
de nombre equivocado,
de los espejos que cayeron
sobre los ojos de otro invierno.

Es Navidad
y las pocas voces que somos
en casa de mi padre
suenan de forma diferente
mientras sonríen prestadas
al alma de los otros,
los que están las ofrecen
sin saberlo,
las dan a los que ya que no se saben
que ya fueron.

Te echo de menos,
porque Diciembre no me oculta ya sus manos,
ni me da las tuyas en su menú de muertos con sonrisa,
en su humedad extraña en sobremesa.

El año agoniza y se revuelve
y
son solo,
las ocho de la tarde.

China de bar

A esa camarera china que vi un día
a través del cristal sucio
de un bar mal iluminado,
a su espalda surcada en jersey blanco
por las luces del semáforo, el Bazar
y el ruido de la calle,
a su mirada colgada,
a su pensamiento blando
sobre la superficie de un rostro ensimismado
por las aguas turbias de esta ciudad
que atardece siempre tarde.

Creo, china de bar,
que a tu soledad que es solo tuya
le prometieron otras cosas,
te lo digo ahora que casas tan bien con la cerveza
y el despertador sin alarma del parado
de esta barra plateada
que es la ciudad en pleno invierno.

Ambos creo que soñamos,
cada uno a su manera,
soñamos con cuerpos del pasado
y con tierras que se reman cada día
con los ojos entornados hacia dentro.

Noches de hierro

Esto es un ensayo de hierro y lumbre
un faro flotante de piedra dura
sobre la noche del océano
un recuerdo de la voz que no calla cuerpo abajo
sobre el horizonte de una cama volteada techo arriba, oscura y sola.

Esto quiere ser un ensayo y un recuerdo
del que fui y no pudo ser
un desvelo en sangre, la torcedura de un beso
de este insomnio clavado en el fondo de los ojos.

Y un deseo,
un deseo de que estas horas no sean otra cosa
que la proa y la promesa de verte al fin despierta,
carne a carne, hora a hora, boca a boca,
para que toda esta larga noche oscura no sea otra cosa
que el venero de no saber tu nombre todavía.

Esto es, al fin, un telar vivo que late y se revuelve,
que se sueña sin tu nombre y que se busca sin nosotros
entre el cielo de las seis de la mañana
y la luz rota de estos ojos desvelados.

Esto es un ensayo y un recuerdo
en las entrañas de esta larga noche que no acaba.
Pero por eso es también una promesa:
una voz que se busca y ya no espera haberte conocido
lo puede todo frente al mundo de los otros
que no es el mío, que no es el tuyo
que todavía, solo todavía,
no es el nuestro.

A pecho descubierto

Esta mañana, al alba,
sin apartar la mirada del techo
me abrí el pecho sin querer
deslizando sobre él la yema de los dedos.
Se deshizo la carne,
se deshizo la piel
y las manos abrieron el tiempo
donde se derrama
la sangre caliente de la carne
y hurgué confundido
y busqué su latir
entre los dedos ciegos
cuando la mirada se hundió
en el cielo manchado de mi techo.

No había nada
allá donde debía estar el corazón.

Entonces,
entre las costillas y el esternón,
encontré un cuenco de metal abollado
y blando.
Lo sacudí
y algo pequeño se movió allá dentro,
el golpe de un viaje
y una sonrisa
unas notas, un nombre,
un par de tiques,
luces,
y una mirada
que ardió
con aromas
que ya no pude abrir.

Miedo

Curioso cómo el miedo
a veces
cambia de bando
y arraiga en las laderas de los ojos
y decide
entre dos ventanas
probarse las ropas del amor
para quedarse.

Curioso
cómo adapta su sonrisa
cómo replica sus gestos y ademanes
cómo vacía de dudas
sus recuerdos
hasta tomar posesión
de su figura.

Curioso,
pero
es miedo el amor
cuando no vuelve,
es tiempo yermo
y tierra mojada en las entrañas,
es miedo de inventarse
cada día
a uno mismo
tanto tiempo.

El amor es miedo vestido
con el curioso traje de la muerte,
es miedo ciego
a no acordarse de tu cuerpo
y recibir un par de dentelladas
de lo breve.

Cielos

El cielo está encendido como un poema,
repleta de vida tú no te das cuenta
pero nos atardece como nunca
mientras buscamos un bar
donde tomar una cerveza.
Tienes siempre la mirada inquieta
y en los gestos
una voz, creo que nunca te lo dije,
que me devuelve un hogar perdido
incluso en este recuerdo que no tienes.

Porque esto es un recuerdo
y en el andamiaje de la memoria
las siluetas se forman en el lado frío de la escarcha
y caminamos, como entonces, sobre el negro sólido
de un lado de la calle
mientras tú hablas y yo te miro
para que tus ojos negros puedan ser hoy solo retazos
de mi memoria impresionista.

Hablas y me buscas
y esculpo cada gesto
para retener esa mirada tuya que ahora
me quiere otra vez cerca.

El cielo a veces es un mar
que retrocede a aguas muy profundas,
de aquella noche recuerdo que
acabamos despertando juntos
y que tu cuerpo desnudo en la madrugada
dormía mudo sobre el espinazo del pasado.
Eras, ya entonces lo supe, un fantasma visitando mi presente
aunque al despertar me abrazaras como si nunca lo supieras.

Me gustaba escuchar tu voz,
sentir el tacto herido de tu cuerpo.

Es una tarde fría de domingo,
ya no sé nada de ti,
y ya nos despedimos.

Por debajo de
las hojas de los días,
en sus noches
¿Te faltará
alguna vez
mi mano?

Desahucios

Sucede a veces que las paredes hablan
que el silencio responde al tiempo con los ojos
de la lluvia sobre el cristal de la ventana
de la adolescente del segundo.

Así que te pones a tirar cosas,
esas zapatillas de deporte que ya no usas,
el calefactor que tanto consume y no calienta,
la vieja toalla de manos marcada por las huellas,
y la tiras
con el juego de sábanas sobre las que durmió
porque ya no calza ni se lleva bien con el presente
y regurgita en la noche su voz extinguida en la gotera
de esa pila de cocina que no reparas.

Los céntimos desperdigados del primer cajón,
algunas entradas de cine de reestreno, sesión doble,
un DNI caducado.
Te gustaría tirar también la extraña y blanca luz del sol
sobre las fachadas del barrio
los parasoles y el viento de noviembre.

Encuentras entonces una piedra con tu nombre,
una foto perdida
en la que ni siquiera sales y que quizás nunca existió,
sobre el rojo intenso de tu fuera de campo, su gesto,
su corazón vivo, sus labios.

Esquinas

Despierta un día claro de octubre
su arena blanda oscurece las aceras,
en el bar una vieja en batín rosa
toma tostadas,
su rostro tiene el sol titilante
como si lo hubiesen tocado
los ojos del mar.

Las personas pasan
tendidas de sus prisas,
de sus gestos,
de sus voces.
Aquí sigo,
bajo esta luz blanca de octubre
aquí continúo,
una esquina, otra,
y tras otra,
de golpe,
encuentro tu frío en plena calle
en mitad de este presente
que comienza sin nosotros.

En cualquier parte

Estás muy cerca, aquí conmigo, en algún lado,
en esa tierra quemada que ya no te pertenece
y que es casi mía igual ahora
que despierto a las tres de la mañana.

Estás, como si te hubieses anudado
a algo lejano que no sabe que lo es
pero se agita,
estás, pero está muy cerca tu olvido,
en la espera del verde del semáforo
en las fincas que ya no tienden ropa
en los anuncios de los próximos estrenos
en la mosca sobre el número dos
del cupón que nunca compro.

Es octubre,
y tu vacío intenso, a veces, enmudece,
pierde ya la voz de nuestras cosas,
eres la tierra quemada en tu silencio
que aún sostengo,
soy el testigo viejo de un hallazgo
que fue frágil y nublado,
hecho de labios, deseos e incertezas.

Me he quedado,
como un director momificado
en el escenario interior de tu obra inacabada,
cerca de ti y lejos de tu nombre,
ruina sobre ruina
espejo sobre espejo.

Tú no lo sabes, pero
en esta isla de arena y piedra
que es la melancolía
tu vacío aún me mendiga,
sabe, el miserable,
que soy el único hambriento que queda de los dos
en esta tierra,
el único que aún proyecta lo que fuimos
a base de pensarnos.

Sí, he conquistado sin pretenderlo tu vacío
porque eres también algo
que no sabrás nunca,
mi novia de Frankenstein herida
hecha de remiendos y destellos
que se nutre del relámpago
de mis miradas fugaces
sobre otras piernas en el metro
y cabellos recogidos en gestos muy pequeños.

Es hoy,
agotado ante este café a medio tomar en la terraza
cuando por primer vez siento
que descanso de ti en alguna parte,
que la pintura que pudimos tener
se ha secado en otra parte
y no nos pertenece,
como los aromas que en otoño reaparecen
al cerrar los ojos de repente,
en cualquier lado,
con la luz acristalada que comienza
en este octubre sin nosotros
y contigo tendida en cualquier parte.